Reivindicación del oficio

3 octubre 2011

Vale, es verdad que no es fácil explicar qué es un editor ni en qué consiste su (nuestro) trabajo, pero no deja de sorprenderme hasta qué punto algunos desconocen esta tarea e incluso, la utilizan como arma arrojadiza contra el propio autor.

Me permito volver al artículo biográfico sobre Dahl que comentaba en la entrada anterior. El autor de ese artículo “denuncia” como si fuera algo denigrante lo que, para mí, como editora, es “lo que debe ser”. Cito y comento:

“Dahl’s editor Stephen Roxburgh completely revised Dahl’s last novel and, in doing so, turned it into his most popular book”.

Pues bien por el editor, que hizo lo que se supone que tiene que hacer un buen editor.

“On the whole, Roxburgh’s editorial advice was more up Dahl’s alley. […]. - and Dahl incorporated his substantial rewrites of the book’s dialogue verbatim”.

En este caso bien por el autor, que supo entender que las propuestas de su editor eran acertadas  y no tuvo empacho ni vergüenza de incorporarlas.

“Roxburgh’s revisions to The Witches were far more extensive than those he had proposed on The BFG. The editor’s major suggestion was that the Witches should turn the narrator into a mouse, an idea that it is now impossible to imagine The Witches without. Dahl saw that these were improvements and went ahead.”

En este caso, bravo por ambos. Uno por dar con una propuesta brillante y otro por aceptarla. Gracias a esa colaboración podemos disfrutar hoy de esa magnífica novela.

Estaba yo en tales reflexiones cuando me encontré este artículo en El Tiramilla con consejos para jóvenes escritores noveles, en el que se dice (las negritas son mías):

sé de casos tremendos, casos donde publicar un libro se convierte en una tortura económica, editoriales que te roban el alma entera como sanguijuelas, señores que se aprovechan de tus ilusiones, que te ordenan cambiar capítulos enteros a su gusto […] Mi verdadero consejo al autor novel que inicia su larga y maravillosa andadura por estos mundos de Cervantes, es que tu idea no está en venta de rebajas ni saldos. Que cuando por fin la cedas, que sea con una editorial decente que la quiera tal y como es”.

A ver, que un editor es (debería ser) un primer lector privilegiado para el manuscrito del autor. Si el editor hace bien su trabajo (y si el autor le deja hacerlo) el lector final debería encontrar una obra mucho mejor que el manuscrito original del autor, que podrá ser perfecto en algún caso, pero no lo es en muchos otros. Pretender que tu novela se publique “tal y como es” es desdeñar una labor que puede enriquecer mucho la obra. ¿Que fue el editor de Dahl quien sugirió que el protagonista fuera convertido en ratón? Magnífico, pero eso no le quita mérito al autor, al creador del universo en el que esa sugerencia cobraba sentido.

Por eso, y sin que nadie  me lo haya pedido, voy a brindar yo también un consejo a los autores noveles: que tu relación con tu editor sea de confianza mutua. El editor debe confiar en el autor, pero el autor no puede ver un enemigo en su editor, porque así no se llega a ninguna parte. Estoy segura de que los autores que tienen la posibilidad de trabajar en una relación fluida con sus editores escriben mejores libros que los que defienden el territorio de su creación como si temiesen ser invadidos o sojuzgados, como si aceptar una sugerencia ensuciara la (supuesta) pureza de su obra.

A mí, desde luego, me gustan los autores que primero se encierran para alumbrar su obra y luego se arremangan para trabajar mano a mano  con todo aquel que pueda contribuir a que el manuscrito se convierta en la mejor obra posible y más tarde, en el mejor libro publicado (sean editores, lectores, diseñadores, ilustradores, críticos  o alguien que pasaba por allí y aporta algo interesante). Juntos por el mejor libro posible. Juntos, no enfrente.

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17 comentarios to “Reivindicación del oficio”

  1. Mara Oliver said

    :)
    Creo que entiendo de escribir o al menos lo disfruto, pero no tengo ni idea de vender, es más, me vendo fatal. Supongo que lo primero es entender que un editor tiene ese puesto de trabajo porque es bueno o al menos sabe lo que hace y si apuesta por el texto e invierte su tiempo es para adecuarlo, quitar lo que el autor está tan encariñado que no ve que diluye el ritmo narrativo o indicar un punto de vista nuevo o incluso una idea tan brillante como el ratón de Dahl. Me lo apunto, junto con la pistola de Chejov, me parece brillante, de verdad.

    Me ha encantado y me ha ayudado mucho, no sabes cuánto :) Mis textos los pule mi mejor amiga, le voy a reenviar tu post porque explica muy bien lo agradecida que estoy por su tiempo, sus ideas, su látigo y sus tijeras además de por sus caricias y encima no me cobra :D.
    Juntas, pero no enfrente.

    De malpensados, desagradecidos y megalómanos está el mundo lleno, ah… y de mártires incomprendidos. Yo prefiero confiar, agradecer, ser humilde y sufrir lo justo, lo que toque, como todo el mundo.

    Esta frase me parece un goal:
    There is a difference between a book of two hundred pages from the very beginning, and a book of two hundred pages which is the result of an original eight hundred pages. The six hundred are there. Only you don’t see them.

    Perdona, me quedó muy largo, :) , jejeje, las musas, en fin…
    Un abrazo!

  2. Como siempre brillante entrada, Elsa.
    Estoy de acuerdo contigo en que un buen editor ayuda a mejorar la obra original o manuscrito del escritor. En el fondo, el editor es otro autor. No es el guionista, sino el director de la obra.
    En la relación de confianza, como tú dices, está la clave.
    Un fuerte abrazo.

  3. Pep Bruno said

    Hola Elsa, soy Pep Bruno, autor de LIJ. En general tengo suerte porque trabajo con editores maravillosos (Marisa, Llanos…) que suman al texto que propongo, que lo hacen mejor. De hecho siempre me planteo los álbumes ilustrados como un libro a seis manos: autor, ilustrador y editor en el que todo lo que sume y mejore el texto, entra.
    Para mí el problema son los editores que no argumentan los cambios o que no discuten o reflexionan contigo (y por lo tanto pueden convencerte o puedes convencerlos tú a ellos) sino que el problema son los editores tratan de imponer su criterio porque “yo sé más y tú no tienes ni idea”.
    Creo que hay muchos autores que trabajan estupendamente con editores maravillosos. Pero también hay algunos editores que, ufff, se las traen, y no hay manera (uno acaba despotricando a los cuatro vientos). Afortunadamente yo sólo me he topado con alguno de ellos y casi siempre, para mí, preparar un libro ha sido una experiencia gratificante y enriquecedora.
    Gracias por tu post
    Un saludo

    • elsaaguiar said

      Bueno, supongo que es inevitable: seguro que hay editores que se las traen, como hay autores que, que, que… Pues eso. Pero salvando los casos concretos, abogo porque nos instalemos en un clima de confianza mutua, de colaboración y entendimiento. ¡Si es que, encima, así mola más ;) Ah y bienvenido, Pep.

  4. Me parece una verdadera maravilla de texto Elsa.
    Mi mejor editora hasta la fecha salvando las fantásticas con las que he trabajado son algunas de mis mejores amigas… Sin ellas, sin su paciencia, sin su “dónde vas con eso!!”, “repite!” etc el texto no sería lo que tendría que ser… Y al mismo tiempo cuando el texto llega al editor final me invade un cosquilleo como el de antes de que empezara el colegio pues sé que en ese momento empeza de nuevo un aprendizaje que no se puede pagar con palabras.

    Besos des de Bcn!
    Gemma ;)

  5. Casielles said

    Gracias Elsa, por este post y también al amigo que me ha permitido descubrir tu blog.

    Creo que en el caso de los escritores noveles puede influir mucho dos cosas: la ansiedad de ver publicado su trabajo y el ego al creer que lo realizado es genial, único, y por tanto, debería de ser editado tal cual.

    Otra cosa que influye es el hecho de aceptar críticas, comentarios, cambios, correcciones. Quizás porque todos escribimos desde pequeños se da por hecho que es sencillo, que todos sabemos y que no es necesario un aprendizaje previo, como en cualquier otro oficio.

    Por otro lado, cierto que el editor sería como el maestro del oficio y quien mejor puede indicarnos cómo corregir errores, pero a veces la relación es complicada por el carácter o la forma en la que el editor se dirige al «novato», poniendo un muro que complica mucho ese hilo de confianza mutua (al igual que nos ha pasado en algunos casos durante nuestros años de estudio).

    La relación de confianza editor-autor (sin olvidar a los agentes literarios) sería lo ideal y, en muchos casos, funciona a la perfección.

    Un abrazo, y de nuevo gracias.

  6. ikimakima said

    Puesto que a parte de ser autora novel todavía no he logrado publicar nada, aún no me he visto en la tesitura de aceptar las sugerencias de un editor y de trabajar con él codo con codo. Sin embargo, tengo muy claro que si el día de mañana algún editor se interesa por mi obra será un halago, y que haga sus aportaciones para pulir cosas no tiene nada de malo. Al fin y al cabo, un editor sabe muchisísísísímo más de libros que yo y todo comentario suyo será en pos de mejorar la obra, que es lo que yo quiero: que mi obra sea lo mejor posible dentro de sus posibilidades. Aferrarse a la identidad y a la pureza de la obra nos hace crear obras mediocres. No sólo en relación con la edición por parte del editor, sino también en la autoedición. Conozco autores que son incapaces de eliminar frases, párrafos o páginas enteras porque todo “forma parte de ellos” y que si lo eliminaran la obra ganaría mucho. El ego, casi siempre, pesa demasiado.

  7. Laura said

    Y por supuesto está el sentido común. Si uno como autor está escuchando del editor un cambio “total” de la obra, también tiene derecho a probar suerte en otros terrenos, faltaba más. No es nada sencillo, y los editores también son seres humanos con sus propios intereses, visiones y agendas. Pienso que en la ansiedad por ver publicada nuestra obra, algunas veces se acude a un editor “errado”: es decir, no alguien que entra dentro de nuestro campo de visión y de la naturaleza de nuestra literatura, sino de otro tipo de propuestas. Que no todos los editores editan las mismas obras, ni todos los autores se adaptan a todas las líneas editoriales. Un poco de sentido común basta también para enfilar el camino.

    Y ahí sí, cuando has tenido la dicha de dar con el editor que te “corresponde”, escúchalo. Que no vas al médico por un dolor de garganta y luego no sigues su tratamiento porque a ti te parece que destruye la pureza de tu gripe, vamos.

  8. Pienso que dependerá también del editor, claro. Porque cuentan que hay algunos por ahí que tela. Pero eso ya entra dentro de los intereses del autor y de, como ha dicho alguien, sus ganas de ser publicado.

    De todos modos, creo que lo que quiso decir Bárbara en ese artículo ha sido malinterpretado. Creo (no lo sé a ciencia cierta) que habla de la idea general, el concepto de la historia, su esencia, no tanto de particularidades, y es cierto que lo que no tendría mucho sentido es que un editor seleccione tu obra y le dé la vuelta por completo, o directamente la maltrate, como comenta. Eso podrá significar muchas cosas, pero no que se haya fijado realmente en la novela por lo que es. Los pequeños cambios, los que son un poco más grandes y dolorosos, los consejos y el trabajo codo a codo son, supongo, partes esenciales de la colaboración autor-editor. Y sería un tanto absurdo, caprichoso y pretencioso que el escritor no cediera la palabra al buen editor. Pero insito, el buen editor, porque eso es precisamente a lo que, según he entendido yo, hacía referencia el texto de Bárbara.

    Un abrazo,
    Óscar

  9. Bárbara G. Rivero said

    Soy Bárbara G. Rivero, autora del artículo de opinión, reseñado y desvirtuado aquí, todavía no sé con qué verdadera intención ni en base a qué misterioso ultraje que algunos han decidido adjudicarse como lanza en ristre.

    Me da la sensación de que, como siempre, el hacerse el ofendido llama mucho la atención y ya generalizar con todo se convierte en un arte sin molestarse en leer de verdad lo que se ha escrito. Es siempre mejor y más chachipiruli gritar lo dañada que está mi vanidad, que reflexionar o incluso tener que bajarse del burro para admitir que otro pueda tener razón.

    Como bien pone el artículo: “Se dan casos tremendos”. Eso es lo que dice, que se dan casos, no que toda editorial viviente y todos los editores estén cortados por el mismo patrón ni funcionen igual. Y son esos casos tremendos sobre los que estoy opinando. De hecho, recomiendo que el autor novel sea feliz con una editorial que acepte su obra y la cuide, aunque no sea la señora editorial soberana. Es decir, doy por hecho que las hay, y probablemente en mayor cantidad que la editorial pirata en la que baso mi opinión. Lo que no vale y es una pequeña trampa, es no poner el artículo completo y sólo sacar el fragmento que interesa para la polémica.
    Aquí puede leer uno el artículo entero y entonces criticar a sabiendas:
    http://eltiramilla.com/la-idea-novel/

    Y bueno, por supuesto que todo el mundo debe estar abierto al diálogo y a los buenos consejos. Eso no perjudica ninguna “pureza de la obra”, que como siempre, ya está medio mundo hablando de más y tirando las patas por alto. El editor es muy libre de dar sus consejos, y el autor novel debe ser más libre aún de aceptarlos y no estar coaccionado por la posible amenaza de no ver su libro publicado si no acepta.
    En mi caso concreto, cuando uno de mis personajes lloró, me encontré la propuesta editorial de que en lugar de llorar, “tuviese los ojos enmorecidos”. Creo que hice bien en no aceptar la delicada sugerencia. Y con respecto a la pureza de mi obra, también me fue sugerido que mi personaje principal, en lugar de ser irlandesa en un ámbito faérico, fuese española y castiza y olé. Así que sí, creo que uno tiene derecho a pedir que la editorial acepte su obra tal y como es, y mi texto no se refería a que en lugar de “lo” ponga “la”. Estoy hablando de cambios importantes y de “Casos Tremendos”.
    En fin, que tampoco tiene esto más trascendencia de la que se le quiera dar. Que el autor novel puede perfectísimamente no aceptar ningún consejo, para eso fueron dados libremente, sin ánimo de lucro y con la mejor intención. Aunque como dice mi madre: El que se muere a gusto, hasta la muerte le sabe.
    Está claro que el dar consejos es lo peor que puede hacer uno (valga también esto para ciertas editoriales que dan sus valiosos consejos.) Ojo, sólo “ciertas”. No se sienta TODO el mundo ofendido. No lo quiera Dios.

    Bárbara G. Rivero.

    • Mara Oliver said

      Acabo de leer tu artículo (que no lo había hecho antes) y no entiendo nada la verdad, no del artículo, que lo pones muy claro :) me refiero a que no veo polémica, tú hablas de unos editores nefastos y apandadores y el otro artículo habla de los que mejoran la obra y son profesionales, obviamente tiene que haber de todo y casos extremos en los dos lados, no creo que todos los editores tengan ideas maravillosas y muchos querrán cortar páginas por ahorrar papel :S Te escribo porque creo que se te entiende perfectamente, no veo la polémica, son dos caras de la misma moneda :)

      Un saludo!

    • elsaaguiar said

      Hola Bárbara, ¡qué bien tenerte aquí, gracias por venir!
      Si te ha parecido que mi tono era ofendido, es que no me he sabido expresar bien. Simplemente tengo una opinión distinta, como no podría ser de otra forma puesto que también tengo una experiencia y por tanto una perspectiva distinta de las relaciones entre autor y editor.
      En cuanto a citar únicamente un fragmento, bueno, es práctica habitual en los blogs cuando se polemiza. Y fíjate que ya tuve yo cuidado de enlazar el articulo completo para que el lector interesado pudiera opinar con criterio :-)

      • Bárbara G. Rivero said

        De nada, Elsa, fue un placer.
        Gracias por el enlace. Ya sabes que la mayoría de la gente se conforma con leer lo escrito y no cliquean los links dados para contrastar la información, así que de nuevo te reitero las gracias.
        Por lo demás, quedo a tu disposición para cualquier duda que pueda surgir sobre esta relación de autores y editores, al menos bajo mi modesto punto de vista como escritora.
        Un saludo :)

  10. PSG said

    De acuerdo en los de juntos, pero no enfrentados. Lo único que nunca me gustó Las brujas porque los personajes carecen de profundidad emocional, en cuanto a corazón son de cartón-piedra.

  11. Carlota said

    Estoy totalmente de acuerdo con tu entrada, Elsa. La mayoría de autores hablan de los muchos manuscritos que escribieron antes de llegar a la versión definitiva del libro y de cuánto les han ayudado sus lectores o sus editores. Supongo que hay excepciones (escritores que no admiten cambios, escritores que no planifican sus libros antes de escribirlos, escritores que se sientan a escribir y, una vez que terminan el libro, no cambian ni una palabra…) pero lo importante es lo que hace la mayoría.

    Todo esto surge de la ignorancia de la gente. La gente no entiende que escribir es una profesión, y no deja de sorprenderme hasta qué punto la mayoría de los lectores desconoce el trabajo que se realiza en una editorial. Y claro, aquí está el problema: como no saben que escribir es una profesión, no entienden que hay que aprender, y que se aprende mejor de lo que hace la mayoría que de lo que hacen unos pocos (unos pocos que a veces tienen verdadero talento y logran cosas que los demás no conseguirían por el mismo método). Todo muy hollywoodiense, igual que la idea del editor tirano que sólo quiere vender y vender. Yo sé que en juvenil, y en España, esto no es así.

    En fin, supongo que el problema radica en que a todos nos gusta quejarnos pero muy pocos se toman la molestia de informarse primero, y en que es más fácil echarle la culpa a la editorial que al escritor.

    Y como estos son dos problemas que no vamos a solucionar, voy a volver al tema para sugerir a quien no esté de acuerdo con tu opinión que lea la versión ilustrada de STARDUST. Neil Gaiman es uno de los escritores que más admiro y Stardust me parece una gran obra. El otro día descubrí que en la versión ilustrada viene la propuesta que Neil Gaiman y Charles Vess hicieron a la editorial, así que todos podemos comparar la idea original de Gaiman con el resultado final. Además, al final de la propuesta hay una nota de Gaiman dando las gracias a todos los que le sugirieron cambios y le ayudaron a mejorar el libro.

    Creo que tu blog es muy importante por cosas como esta, así que muchas gracias por tomarte la molestia de sentarte a escribir y compartir tus conocimientos con los demás.

  12. Rusta said

    Casi podría copiar el comentario de Carlota, coincido con absolutamente todo lo que dice. Creo que gran parte del problema se debe al desconocimiento del trabajo que hay detrás de un libro: la traducción, la corrección y la maquetación se ven, pero los cambios (pequeños o grandes) que se han hecho en una historia, no. Yo misma no me he parado a pensar en todo esto hasta que empecé con el blog y me acerqué más a este mundillo.

    A veces pienso que los libros tendrían que incluir una pequeña introducción en la que se explique la evolución del manuscrito hasta el texto que el lector tiene en sus manos. Lo fácil es posicionarse en el lado del escritor que lucha por su obra, pero si supiéramos las mejoras que se han hecho en algunos de nuestros libros favoritos (como el ejemplo de Roald Dahl que citas), seguro que no lo veríamos igual. Desde mi punto de vista, los libros son el resultado del trabajo de muchos profesionales, cada uno aporta su granito de arena para que la idea original mejore todo lo posible. El autor debería disfrutar al ver a tanta gente implicada en su creación y estar abierto a las sugerencias que le hagan (porque, por muy bueno que seas, siempre hay detalles que uno mismo no ve).

    En cualquier caso, tanto tu entrada como la aportación de Bárbara G. Rivero me han parecido muy interesantes. Al igual que hay editores buenos que consiguen esa relación de confianza con el autor, estoy convencida de que también los hay que no atinan del todo con lo que necesita una historia (¡qué cutre me ha parecido lo de la protagonista española y castiza!). Y cuando un escritor se topa con uno de esos, entiendo que busque otro camino. Hay que dejarse ayudar, pero sin perder los principios.

    Besos.

  13. [...] Elsa Aguiar nunha anotación oportunísima na que reivindica a responsabilidade do noso oficio: «un editor é (debería ser) un primeiro lector privilexiado». Quizais, como sinala Michael Krüger no feito de que os (algúns ou moitos, non o sei) editores xa [...]

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