De qué se puede hablar en LIJ

6 febrero 2010

Ya son varias las ocasiones en que he leído algunos comentarios en blogs y en foros que se planteaban “de qué no es conveniente hablar” en libros de LIJ. Creo que la respuesta es que no hay ningún tema del que no sea conveniente hablar en un libro para niños.

La cuestión no es el qué. La cuestión es el cómo. Los que tenemos una relación diaria y cercana con chavales sabemos que los niños quieren saberlo todo. Y que se les puede hablar de todo. Pero no podemos olvidar que los niños y los jóvenes son personas en formación. Y eso, desde mi punto de vista, hace que convenga ser muy conscientes del impacto que puede tener en el desarrollo de esas personas cualquier producto cultural que les destinemos.

Por supuesto, la cuestión de cómo se deben tratar los temas dirigidos a niños y jóvenes (en tanto personas en desarrollo) es algo socialmente construido y que ha variado mucho según las épocas. Un par de ejemplos.

En su momento, los libros de Edmundo de Amicis (Corazón, principalmente) se consideraban muy adecuados para los niños por los valores morales y sentimentales que defendía. Sin embargo, yo hoy no se lo daría a un niño que no tuviera un cierto grado de madurez, y aún así, lo haría con reservas, por la explotación que hace de sentimientos como la culpabilidad o la compasión.

En cambio, uno de los mejores autores de literatura para niños de todos los tiempos, Roald Dahl, probablemente tendría muchos problemas hoy en día para encontrar editor, si no fuera porque ya es un autor consagrado. Pero su literatura es viva,  provocativa, transgresora… y capaz de desvelar para los niños las contradicciones del mundo de los adultos y de ayudarles a entenderlas y a aceptarlas… o a intentar cambiarlas.

Por tanto, estábamos en que la cuestión no es el qué, sino el cómo. ¿Hablar de la muerte a los niños? Sí, pero como en Las brujas, del citado Roald Dahl (al final, con el niño convertido en ratón, él y la abuela hablan de la esperanza de vida de un ratón y de la de una mujer anciana como ella y, llenos de alegría por lo que les queda por vivir,  se congratulan porque su tiempo es más o menos el mismo, y así, ninguno dejará solo al otro). ¿De las injusticias que derivan de las estructuras sociales ? Sí, pero como en El balonazo, de Belén Gopegui (en que un chaval debe decidir entre mantener un valor como “no mentir” y otro como “ser leal y ayudar a una buena persona, aunque sea contra las leyes [que son, necesariamente, injustas]”).  ¿Sobre la trascendencia y el sentido teleológico de la existencia? Sí, pero como en La primera vez que nací, de Vincent Cuvellier (en el que se narran diversos hitos en la vida de una niña, desde que nace hasta que “nace por segunda vez” cuando tiene lugar el nacimiento de su propia hija).

No hay límites al qué, pero hay que pensar bien el cómo . ¿Por qué? Porque lo que leen los niños y jóvenes tiene un impacto en su desarrollo y nosotros, como editores, queremos tener un control explícito sobre ese impacto.

No para no impactar, desde luego, sino para impactar de la forma que consideramos adecuada. Eso, creo yo, es el compromiso en la LIJ.

19 comentarios to “De qué se puede hablar en LIJ”

  1. Guillermo said

    Completamente de acuerdo.
    Otra cosa que creo que no remarcaste es que el “cómo” no significa simplificar de tal forma el lenguaje que los jovenes/niños parezcan idiotas leyendonos.
    No creo que tampoco la condescendencia aplique. En parte creo, debemos huirle tanto como a ser demasiado explicitos. Uno de los principales talentos de C.S. LEwis, se dice, era poder hablarle a un niño en su lenguaje sin el clasico toque de condescencia adulto. No los limitaba en ese sentido.
    Un saludo y genial tu página. En tan pocos post me ha resuelto muchas dudas. Sigue asi =D

  2. Hola Elsa
    Tienes mucha razón en lo que dices. A los niños/jóvenes se nos puede hablar de cualquier tema pero es muy importante cómo nos lo cuentan.
    Más de una vez, he visto libros juveniles tachados de adultos sólo porque hablaban de un asunto determinado, de forma más seria de lo que se espera para este tipo de literatura.

    Un saludo.

    Rocío

  3. Rubén said

    El lenguaje, la acción y lo que genera, la visión del niño y con que lo compara; eso son cosas a tener en cuenta en el “como”. Tratar sobre cualquier tema, porque ocultándolo no avanzamos en la LIJ. Esto es proponer a las editoriales y a los padres que abran los ojos a una literatura libre. Además del escritor que da con el “como” en su obra, hay que contar también con las barreras que se interponen entre su libro y el niño. Se puede tratar sobre cualquier tema, pero ¿se hará llegar a su destinatario?
    Gracias por el Blog😉.

  4. Ikima said

    Cuando yo era niña siempre tenía la sensación de que los libros “para niños” no trataban los temas que me interesaban. Seguramente mi entorno no me permitió acceder a muchos libros que sí los trataban y que eran estupendos, pero el caso es que siempre leí libros no aptos para mi edad. Yo provengo de una familia en la que mis padres no son lectores (alfabetizados a duras penas en una infancia rural) y siempre nos animaron a leer y a estudiar mucho para tener lo que ellos no tuvieron, pero carecían de criterio (o no se atrevían) para dar su visto bueno o no a un libro que caía en las manos de mi hermano o en las mías. Así, con once años leí libros que ahora entiendo no debía haber leído, libros con escenas muy adultas tratadas para adultos. Yo me sentía como si espiara a través de una cerradura. Y sin embargo, me sirvieron, crecí leyéndolos, porque eran temas que me preocupaban mucho, que llenaban mis reflexiones infantiles (que siempre sorprenden a los adultos). Los niños son “adultitos”, inteligentes, recientes, y por ello con muchas más preguntas y con muchas menos respuestas. No hay nada de malo en hablar de la muerte, de la distancia, de las relaciones o del transcurso del tiempo en sus libros. Es más, según mi propia experiencia dedicaba mucho más tiempo a pensar en todas estas cosas de niña que ahora, cuando el ritmo de vida me abruma y no me deja un minuto para respirar. No hay que subestimarlos jamás, y hay que darles respuestas en la LIJ para que no tengan que buscarlas en libros inadecuados.

  5. Hola.
    Me ha gustado mucho tu artículo y creo que es un tema muy importante. Como soy profesor, estoy muy sensibilizado con todo lo que tenga que ver con la educación de los jóvenes… También soy escritor, y comprendo que los libros pueden influir mucho para bien y para mal en todos los lectores, pero especialmente en los que aún están en sus primeros años. Estoy de acuerdo contigo en que se pueden tratar muchos temas, pero hay que ser cuidadosos a la hora de plantearlos.
    Aprovecho para comentarte que en noviembre saldrá a la luz mi primer libro. Ya está publicado en edición digital. Si tienes tiempo puedes pasarte por mi blog, ahí están publicados los tres primeros capítulos de este libro. También hay varios comentarios a libros juveniles y un artículo que habla precisamente sobre “qué les gusta a los niños”.
    Si algún día te lees mi libro (es el primero de una trilogía), estaré encantado de saber cuál es tu opinión.
    Un saludo
    http://www.erikhijodearkhelan.blogspot.com/

  6. Andrés said

    Elsa, cuánto coincido contigo; siempre me preguntaba cómo era que Dhal estaba en las bibliotecas escolares aquí en Argentina, ahora veo que tu análisis indica que fue porque logró su consagración antes de estos tiempos. Sospecho que tambien fue por haber sido elegido para tantas buenas películas (aunque le hayan cambiado el final a algunas)
    Otro ejemplo paradigmático es el Huckelberry Finn, una novela fuerte donde suceden todas y cada uno de la pasiones humanas, desde las bajezas hasta el altruismo total. Un personaje como el padre de Huck, tratado como lo hace el genio de Twain, es muy poco probable que hoy nunca hubiera llegado al papel.
    El detalle es que los chicos de hoy están expuestos a mucha más violencia mediática que los de hace 150 años, pero los libros actuales la filtran mucho más, justo al contrario que las películas que esos mismos chicos consumen hoy.
    Una paradoja , a mí modo de ver.

    Creo que lo que no hay que hacer cuando uno escribe para chicos es escandalizarlos, ese es mi límite, para eso hay que conocerlos; dentro de eso creo que se puede hablar (o bromear, o jugar) sobre muchísimos temas.

    Un saludo desde buenos Aires.
    Andrés Sobico

  7. Begoña said

    Como no acabo de entender muy bien la forma en que a un niño o a un adolescente hay que contarle determinadas cosas me gustaría preguntarte a que edad sitúas la historia de Oliver Twist, o David Coperfield ya que los leí de muy niña y fueron los libros que más me gustaron.
    Lo digo porque yo creé un personaje que según todos es demasiado maduro para su edad. Y yo creo que la edad la dan las circunstancias. Os juro que conozco una niña de seis años más adulta que muchos niños de dieciséis. Creo que las vidas terribles crean niños adultos. Me gustaría respuesta, pero también me gustaría ser guapa y rubia…Saludos.

    • elsaaguiar said

      Hola, Begoña. Mira, yo no creo nada en eso de “las edades recomendadas” para un libro, por la sencilla razón de que las personas somos muy diferentes en ritmo de maduración, en capacidad lectora, en gustos y en experiencias. Es cierto que en las editoriales de LIJ se suele dar una orientación, un “a partir de”, pero es solo una guía, no algo fijo y que valga para todo el mundo por igual. Por tanto, Oliver Twist o David Copperfield hay que leerlos, desde mi punto de vista, a la edad en que seas capaz de disfrutarlos: para unos será a los nueve y para otros a los quince.
      Otra cuestión es la de publicar un libro con una protagonista de seis años con la madurez de una de dieciséis. No digo que no exista una niña así, seguro que sí, pero la cuestión es ¿a quién puede interesar ese libro? Probablemente, las chavalas de dieciséis no tengan interés por lo que le pasa a una niña de seis, por muy madura que sea. Y la mayoría de los niños de seis años no son niños con esa “adultez” que tú dices, así que, probablemente, no se sientan implicados en lo que cuenta esa niña. O sea, que te quedas sin público potencial. Y un libro debe tener un público posible, salvo que lo escribas para dejarlo en el cajón de tu mesa.

      • Begoña said

        Interesante, no lo había pensado así. La realidad es que tengo escrito ese libro y que creo que sí, que todo apunta a que se quedará en el cajón de mi mesa, como algo que nació de una obsesión exorcizada. Lo cierto es que mi intención era publicarlo pero creo que trata un tema bastante deprimente de por sí. Escribirlo fue una experiencia fantástica que a su vez sirvió de aprendizaje, es lo bueno de la escritura, siempre te hace renacer.
        Gracias por tu respuesta, no la esperaba.

  8. elsaaguiar said

    He eliminado un comentario de “Autor” porque hacía un juicio de valor “ad hominem” a un autor. Los argumentos que se esgriman pueden ser opiniones personales (y presentarse como tales) o afirmaciones basadas en datos. Si no se dan tales datos, los comentarios deben presentarse como opiniones personales. Muchas gracias a todos por entenderlo.

  9. Pat said

    Fantástico!

    Tienes toda la razón del mundo. Los niños son personitas en proceso de formación. Y eso es una gran responsabilidad para los escritores. A veces, quieren que crezcan demasiado rápido por complejos de los adultos. Dejemos a los niños ser niños…

    Pat

  10. Fernando said

    Te escribo desde la escuela, Elsa.

    Además de agradecerte tu explicación, que comparto plenamente, te propongo que reflexiones-reflexionemos sobre los criterios que hemos de tener en cuenta a la hora de prescribir y recomendar la lectura de un libro. Y te rogaría qu elo hicieses desde el presupuesto de la educación en la autonomía y no desde el adoctrinamiento.

    Estoy convencido de que, entre las muchas motivaciones de los adolescentes para leer está la de idetificarse con lo que está ocurriendo en esas páginas. Tiene un valor descriptivo de una vivencia. Y cuanto mejor describa la situación, mejor me estará describiendo (“¡Arrea, este libro lo han escrito para mí!”). Sabemos que en el paso de la infancia a la juventud los chicos saben que les ocurre algo, pero, por un lado, les faltan palabras y práctica para poder comunicarlo -¡Y, caramba, es que es muy difícil describir una vivencia!- y, por otra, les faltan personas para poder compartirlo.

    Por eso el libro es un interlocutor: “este sí que me entiende”. Hasta el punto de que los muchachos pueden llegar a idealizar a un autor (¿a que esto lo has vivido, desde tu experiencia editorial, por ejemplo, con autores como Laura Gallego?)

    Te planteo esto porque esta misma mañana la persona encargada de la Biblioteca me planteaba hasta que punto podía poner en manos de los alumnos determinados libros de Gran Angular. ¿Algunos libros pueden requerir una conversación posterior, una especie de forum?

    Y gracias por haber abierto este canal de comunicación.

    • elsaaguiar said

      ¡Cuántos temas interesantes y cuánta gente interesante para compartirlos!🙂 Gracias por plantearlo. Lo pongo a madurar, haremos juntos la reflexión. Y bienvenido.

    • Elena said

      Gracias Elsa, Fernando y todos los demás.

      Yo os escribo desde un lugar donde los libros adquieren un nombre propio o varios, uniéndose como en aquella película, a un alma en la que en el mejor de los casos, dejará una huella. Desde una biblioteca escolar.

      Coincido contigo Elsa, soy consciente y asumo la responsabilidad que nos brindas a cada uno de los agentes que, de una manera u otra, estamos en contacto con chavales e intervenimos en, como tú la llamas, la cadena cultural, participando en alguna medida de su formación. Porque nuestro trabajo está dirigido a ellos, y es reconfortante saber que detrás de ello hay personas con cabeza y corazón, abiertas al diálogo al que tú nos convidas.

      En los ejemplos que pones me das la clave y resuelves en parte un dilema con el que me enfrento a menudo: ¿Qué libro recomendar? Y no es lo mismo recomendar que prescribir. Tú hablas de “yo” y continúas dándonos “un (tu) criterio de elección”, quizá eso baste para legitimar nuestros errores y nuestros aciertos, y quizá el diálogo que propone Fernando ayude a enmendar y a reafirmar una buena o mala decisión.

      Me gustaría plantear una cuestión porque a veces el tiempo y el contexto no permite ese diálogo que todos añoramos.

      He escrito y reescrito siete veces este mensaje intentando aclarar mis ideas y buscando la mejor manera de expresar lo que quiero decir.

      Tenemos una responsabilidad en la cadena de cultura que de una manera u otra forma a los chavales. Podemos, y quizá debemos, hablar, escribir, tratar, de todo siendo lo importante el cómo. Es importante buscar criterios que discriminen entre lo adecuado y lo inadecuado, y hacerlos explícitos para que ellos mismos construyan su propia elección. No hay errores tan graves que no se puedan enmendar con un cercano diálogo.

      Pero ¿qué pasa cuando no existe ese diálogo? Sólo un encuentro de un chico con una realidad conocida, asumida, naturalizada… qué impacto tendrá en su decisión conocer que con toda naturalidad se conoce, se acepta, se asume, que chicos de su misma edad, personajes con los que ellos se identifican, se descubren, dialogan, se inician en determinadas conductas, sexo, drogas, trasgresión… efectivamente lo importante es el cómo pero ¿el cómo para todos? Creo que a veces también es necesario el qué.

      Vivimos en un mundo de hambre, terrorismo, catástrofes… pero yo he vivido mucho tiempo sin saberlo, igual que he vivido sin saber que existía la prostitución infantil o el tráfico de órganos. Incluso me atrevería a decir que hay cosas que aún no conozco y no sé si me interesa conocer. No es proteccionismo, no es cerrar los ojos a la realidad, es controlar el impacto en personas en formación.

      Trabajo en un contexto en el que no todo puedo tenerlo controlado. Mi política es que los chavales se acerquen a la literatura de forma libre y espontánea, autónoma en la medida de lo posible. Si el criterio de la edad no nos vale siempre, si la temática tampoco es un corte legítimo, ¿qué criterio vale para dominar ese impacto del que hablamos en el alumno universal con distintos grados de madurez, problemática, afición…? ¿Cómo ordeno los libros de la biblioteca para que un alumno cualquiera con un interés cualquiera, en unas circunstancias cualesquiera, sufra un impacto adecuado tras leer un libro en la que el tema pueda ser cualquiera, dirigido a cualquiera? Al final es una cuestión de confianza más que de decisión.

      Yo leo vuestras biografías, vuestras trayectorias profesionales, vuestras sinopsis, confío en vuestro criterio como editorial, y cuando puedo hasta leo vuestro libro. Pero lo confieso, no leo todo lo que expongo, todo lo que acerco a los chavales y al final, por esa necesaria delegación confío, sin ni siquiera conoceros de cerca, en vuestros criterios de selección, en criterios de colegas con cabeza y corazón.

      Por favor encontremos unos criterios comunes, ni de edad, ni de tema, ni de condición si queréis, para que nos sintamos seguros en este farragoso y apasionante asunto de la recomendación.

      • elsaaguiar said

        Muy interesante el punto de vista que muestras, Elena.
        Aunque me hace plantearme que, como en tantas otras cosas de la vida, también hay que perderle el miedo a que los chavales se vean expuestos a ciertas cosas. Me explico: controlar todo lo que leen, graduar la información, intervenir después de cada lectura… es un poco irreal.
        Tampoco controlas todo lo que hablan entre ellos, lo que oyen por ahí, lo que les llega de los medios de comunicación, de otros compañeros. Y la verdad, no creo que una lectura mal elegida sea más dañina que cualquiera de estos otros ejemplos. Pero no solo: es que el proceso de crecimiento también implica aprender a elegir, a graduar uno mismo aquello para lo que siente preparado y aquello para lo que no y, en último término, aprender a manejar aquello que nos inquieta o perturba. Hablar con un adulto de confianza es una opción, pero no la única. ¿Cuántos libros (buenos algunos, malos otros) has leído que te han conmocionado? ¿Que te han dejado mal sabor de boca? ¿Que te han descubierto una faceta del alma humana, o de su comportamiento, que te han desazonado durante días? Y luego, lo elaboras, lo recolocas, lo digieres. Y no pasa nada, porque sentirse perturbado, o desazonado o conmocionado (o arañado, como decía Ricardo) forma parte del proceso. A veces para bien, a veces para mal. Pero eso es la vida, no solo la lectura.
        ¿Unos criterios comunes de recomendación? ¡Puf! La verdad es que yo creo que eso es imposible del todo. Porque somos personas diferentes, con criterios muy distintos y actitudes ante la información de lo más variopintas. Y ese somos incluye tanto a los recomendadores como a los que reciben la recomendación. Uno recomienda siempre (o debería hacerlo, desde mi punto de vista) desde sus principios vitales, desde sus creencias y sus seguridades. Y la recomendación llega a un chaval concreto, de una edad, una historia (lectora y vital), unas circunstancias, unos gustos…
        La recomendación, por suerte, es algo vivo, cambiante, sujeto a una continua reflexión y revisión. Por suerte. de verdad.

      • Elena said

        Gracias Elsa

  11. […] Y al leer entradas como ésta, me convenzo del todo y lo añado a mis blogs de lectura obligatoria: ¿De qué se puede hablar en LIJ? No hay límites al qué, pero hay que pensar bien el cómo. ¿Por qué? Porque lo que leen los […]

  12. Ángeles said

    Creo que para recibir por mail los avisos tengo que dejar un comentario. Aquí va.

  13. Malena said

    Elsa,
    Ante todo me gustaría darte muchos las gracias por estar presente en la red. Es un espacio poblado por editoriales que venden sus productos, ilustradores y un grupo de autores. Saber de primera manor lo que piensa un editor, al margen de lo que tenga que decidir en su despacho, es algo que se echa en falta en el mundo editorial.
    Estoy completamente de acuerdo en que se puede hablar de todo en LIJ, como en los libros para adultos. El lector infantil- juvenil tiene sus preferencias, habrá lectores que les guste reír, otros pensar, otros emocionarse, pasar miedo… La cuestión es que la mayoría tienen un filtro, los adultos, que “les indican lo que deben leer” (compran). Por eso, creo que las bibliotecas son tan fundamentales, y, actualmente, la promoción de la lectura en la red. Mis hijos van a la biblioteca y deciden, y leen cosas disparatadamente distintas, libros que yo jamás les habría aconsejado por temática o aspecto estético. Sin embargo, creo que las bibliotecas siguen infrautilizadas, tanto las de barrio como las de escuelas (cuando existen).
    El tratamiento también es importante, y creo, como lectora compulsiva de LIJ, que el humor y el dejar siempre un rayo de esperanza, por duro que sea el tema, es una clave para lograr comunicarse con éxito.
    Un beso, mucha suerte, y muchísimas gracias.

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