Compromiso

10 febrero 2010

La última entrada acababa justo con este concepto: el compromiso. Y, aunque es verdad que los que nos dirigimos a personas en desarrollo tenemos una responsabilidad mayor, creo que en realidad esto del compromiso deberían aplicárselo todos los agentes culturales. Me explico.

Es frecuente oír que algún actor de la cadena cultural defiende un producto (anuncio, película, serie de televisión, novela…) que refuerza determinado estereotipo escudándose en un “yo me limito a reflejar la realidad”. O, en que, en último término, el televidente, lector, espectador… es libre de no consumir ese producto cultual.

Y la verdad es que no puedo estar más en desacuerdo con esa actitud. A ver, todos los que tenemos algo que ver con la cadena que desemboca en la creación de un producto cultural, deberíamos, desde mi punto de vista, tener muy claro que las producciones culturales nunca se limitan a “reflejar la realidad tal y como es“.  La realidad, especialmente la realidad social, está hecha de discurso. Y cada pequeña contribución al discurso cultural modifica esa realidad.

Un ejemplo reciente: María, una amiga de mi hija, es una niña inteligente, muy alta y con mucho potencial. ¿Sabéis qué dice, a sus ocho años, que quiere ser de mayor? Animadora de baloncesto. Ni pivot, ni defensa. Animadora.

Cuando oigo esto, no puedo dejar de pensar que esa actitud tiene mucho que ver con que consume determinados productos culturales que privilegian una postura ante la vida en niñas y niños. Esta postura implica, entre otras cosas, que todos quieren ser populares. Pero en los niños, esa popularidad se consigue siendo el mejor en el deporte que sea. Y en las niñas, siendo una monísima animadora que juega siempre un papel secundario y que gracias a su dedicación como objeto decorativo logra su objetivo en la vida, el que debe tener toda mujer:  conquistar el corazón del chico, claro.

Podemos discutir en qué medida una obra cultural puede tener un efecto performativo para perpetuar o desmontar determinadas instituciones sociales (sexo/género, actitud ante la autoridad, mecanismos de  categorización social que definen el “nosotros” frente al “ellos”…) y a reforzar o cambiar determinadas actitudes a escala individual: es cierto que un solo libro con estereotipos no basta para perpetuarlos, del mismo modo que comer una hamburguesa un día no te condena al infarto. Pero creo que, por principios personales, es importante responsabilizarse del impacto, ser conscientes de qué está aportando en ese sentido la obra que producimos. No dejar que sea algo aleatorio o condicionado por la moda, o por lo que tiene más éxito. Por eso…

…no me gustan las novelas en las que ella es tonta, patosa, frágil y necesitada de protección, y además guapísima y capaz de enamorar al chico al primer vistazo (aunque haya muchas chicas tontas, patosas, frágiles y necesitadas de protección, y además guapísimas), porque establecen la norma de que hay que ser así (y no inteligente, divertida, fuerte y decidida) para enamorar a un chico al primer vistazo. Es más: ¿de verdad el objetivo último es siempre enamorar al chico?

…no me gustan las series de televisión en las que se escenifica una guerra de sexos basada en el supuesto de que ellas solo quieren pescar marido y ellos solo quieren acostarse con la chica y salir corriendo (aunque haya muchas chicas que quieren pescar marido y muchos chicos que sólo quieren acostarse con la chica y salir corriendo), porque establecen la norma de que si eres chica debes querer pescar marido y si eres chico debes querer acostarse con la chica y salir corriendo.

…no me gustan las noticias que hablan de un robo o un asesinato en el que si el presunto autor es ecuatoriano o magrebí, ese dato sale en el titular o en la primera línea, mientras que si es  español, puede que no lo encuentres nunca. Porque esas noticias establecen la norma de que inmigración desde países empobrecidos, y delincuencia, son conceptos que van de la mano.

Basta de decir que la realidad es así. La realidad es amplia y compleja, y cada uno decide con qué partes de ella construye sus modelos.

Lo demás es escurrir el bulto.

29 comentarios to “Compromiso”

  1. Begoña said

    No puedo estar más de acuerdo contigo en lo que dices. Se fomenta, sobre todo en televisión últimamente las mujeres huecas que defienden lo indefendible a todas horas. Las series huecas cargadas de mensajes nocivos para los adolescentes y la sensación de que el trabajo y la dedicación no son absolutamente necesarias en los tiempos que corren.
    Difícil lo tenemos los padres que queremos educar a nuestros hijos en los mismos valores en que fuimos educados. Pero no más difícil que cambiar de canal y dar buenas lecturas a nuestros hijos. La mía últimamente lee los Inseparables de Care Santos, se bebe los libros, disfruta como una enana y saca sobresalientes en redacción. De modo que como padres debemos ser inteligentes y dar ejemplo, por ejemplo apagando la televisión y conversando con ellos. Saludos.

  2. Rubén said

    Hola me llamo Rubén y he consumido televisión… Hace 4 años desconecte la antena y solo veo lo que decido bajar de la red o alquilar en el videoclub.
    En un programa de Radio3 escuché a un hombre que llebaba 10 años sin televisión, en ese momento me dije “Buuff que loco”. Ahora, cada 15 dias saco seis libros de la biblioteca, hago cursos de escritura y me he dedicado a pulir mi hobby de ilustrador con muchas satisfacciones. De veras no hace falta que nadie nos diga como tenemos que ser, ni estereotipos, ni necesidad de un consumo de moda para ser aceptados.
    No me quiero enrrollar, solo, Bravo por el Post!

  3. Ikima said

    ¡Cuánta razón! La buena noticia es que los niños son muy inteligentes, y guiados por adultos con buen criterio pueden llegar a ser en el futuro también adultos con buen criterio. A mí la actitud que más me molesta es la de dar por hecho que un niño “no lo va a comprender” sin haberlo intentado, ya sea a nivel de lecturas como a nivel de docencia y divulgación científica (que viene a ser mi campo).

    Por ejemplo, si yo no he probado a leerle un cuento determinado a mi sobrina de tres años, o a recitarle un poema infantil para que lo aprenda y a su vez lo recite… ¿por qué debo dar por hecho que es demasiado pequeña y condenarla a ver dibujos animados en televisión “que es más para ella”? Yo le leo siempre los libros sin cambiar las palabras(soy muy cuentacuentos y es fácil atraer su atención gesticulando y abriendo mucho los ojos). ¿Por qué “adaptarlo”? Siempre habrá palabras que escuchará por primera vez en su vida, y para ella puede ser tan nuevo el adjetivo “pálido” como “macilento”. La aprenderá, y punto. Si el adulto considera, pongamos por caso, que pálido es más sencillo, quizá el problema de léxico lo tiene él.

    Ahora es el momento de “moldearlos” precisamente para que no sean moldeables el día de mañana.

    Un post realmente interesante que da mucho que pensar.

  4. Nerea said

    Chapeau. Poco más se puede decir que no hayas dicho ya en el post.

  5. Guillermo said

    Hola.
    Creo que ahora sí opino bastante diferente que tu.
    El autor (o cualquier otro productor de contenido cultural) ¿iene responsabilidad frente a lo que realiza? Sin duda. Pero él no necesariamente plantea una realidad. Sino diseña un realidad a la medida de sus posibilidades, gustos, críticas, etc. Al final lo único que el generador de cultura puede hacer es dejar bien claro lo que él considera realidad “real” y su realidad ficticia y en base a eso desestimar la utilización de esos paradigmas establecidos en su obra.
    El problema está, precisamente, en el consumidor. Leer 100 libros con personajes estereotipados y 1 sin estereotipos no te convertirá en ese estereotipo. Leer 100 libros sobre un estereotipo en específico probablemente lo sí lo haga. Los consumidores tenemos que aprender a ver el panorama general.
    La liberta del escritor está en su propia imaginación y no creo que deba verse limitada por la actitud de “esponja” del consumidor. Y, dado que este tema surge del post anterior creo que caes en una contradiccion. No crees en los libros para ciertas edades (yo tampoco) pero precisamente esa actitud “esponja” es lo que la recomendación por edades quiere evitar. A través de un promedio que no será siempre verdadero pero, a fin de cuentas, es algo que tiene sentido.
    Me encanta tu blog😀

    • Estoy muy de acuerdo con Guillermo.

      El creador no es responsable del efecto que su obra provoque. Si así fuera, nadie querría contarnos nada, pues habría que suprimir, limitar e innovar demasiado para evitar los estereotipos, algo que teóricamente pintaría estupendo y supondría un incremento de la originalidad en la cultura, pero que, en la práctica, asfixiaría innumerables obras y se convertiría en el sinsentido número uno, ya que los hay que igual disfrutan leyendo la historia del chico malo y la chica torpe, y sin embargo no caen en la necesidad de imitarlos.

      No, se trata de una cuestión que sólo atañe al individuo y a su capacidad de imponer su voluntad por encima de la de cualquier modelo generalizado.

      De todos modos, los mentes tiernas siempre tienden a imitar lo que les atrae, y no creo que esto sea algo perjudicial o peligroso, puesto que forma parte del desarrollo natural de la personalidad. Lo preocupante sería que algo así se diera en un adulto, y, sinceramente, conozco a pocos cuarentones que intenten seguir los pasos del galán Richard Gere o el aventurero Harrison Ford.

      Por tanto, yo lo dejaría en una cuestión de edad.

      Sí es cierto que los estereotipos cansan y aburren, y que denotan falta de valentía (voto por lo que ya funcionó), pero éste es simplemente un punto criticable de la obra, y en absoluto creo que responsabiliza al autor de las reacciones que pueda provocar en su público.

      • Ikima said

        Hombre, esa independencia total que defientes no sé hasta qué punto se puede considerar… Si tú tienes a un niño toda la tarde delante de la televisión viendo telebasuray prensa rosa, programas donde las mujeres son floreros y en los chicos lo único que importa son los musculitos y los rayos uva y se da un concepto absurdo y superficial del amor y de los sentimientos, o incluso infantil (hoy me gustas, mañana no, al otro sí), pues no sé… Dudo que te salga un Einstein, o un Borges. Para empezar porque le parecerá que esforzarse por algo es una tontería. ¿Nunca has oído el comentario típico de: “míralos, qué suerte, ahí en la tele forrándose”? Un porcentaje muy alto de los productos culturales desprenden la idea de que la vida es cuestión de llenarse bien el bolsillo y vivir como un rey. Pero me parece el colmo que los creadores de esos productos no se responsabilicen de la basura que han creado.

        Por otra parte, a nivel literario, has comentado que los estereotipos denotan falta de valentía. Yo añadiría que tal vez denotan también falta de imaginación. No creo que nadie que desee crear una obra bella, que le satisfaga, escriba: “en un día soleado, menganita se dirigía al colegio. Lo odiaba. Los profesores eran aburridos, y lo único que le hacían hacer era estudiar. ¡Menudo rollo! En cambio, durante el recreo, coincidía con el equipo de baloncesto. ¡Le gustaría tanto animar para siempre a Javi! ¡Era tan guapo!”. El que escribe esto nos la quiere colar, como los programas de la tele.

      • elsaaguiar said

        Bueno, yo veo adultos (y especialmente cuarentones) muy condicionados por determinadas ideas que flotan en nuestra cultura (y que ciertos agentes sociales y culturales alimentan muy cuidadosamente): mantente en una eterna adolescencia, consume todo lo que puedas (“lo quieres, lo tienes” (préstamo personal), “redecora tu vida”, “la diferencia entre querer y poder: american express”) y rechaza la madurez y todo lo que ella implica.
        Pienso, por ejemplo, en la adolescencia permanente que reflejan los protagonistas de series como Anatomía de Grey (médicos en la treintena y la cuarentena que se comportan como chicos de instituto, que no se encuentran a sí mismos, que están confusos acerca de todo…) o la imagen de deseabilidad que nos transmite la mayoría de los anuncios publicitarios. ¿De verdad no afecta a cuarentones?

    • elsaaguiar said

      Yo creo que uno es siempre responsable de sus actos, incluso de los culturales. Ser responsable no implica no hacer uso de determinadas muletas, pero desde mi punto de vista, hay que saber siempre qué estás haciendo, a qué o a quién le estás haciendo el juego. Y luego, con esa conciencia, decidir utilizarlo o no. Lo demás es ir a ciegas, y el creador, ante todo, debe ver.
      Cada uno es libre de escribir una obra cuyo contenido sea, pongamos por caso, racista o complaciente con ciertas formas de poder o con las injusticias del sistema, o… Y puede escudarse en que hay gente racista en el mundo, o en que ese poder existe y es quien mueve los hilos o en que esas injusticias están ahí…. Pero desde mi punto de vista, eres responsable de ese contenido y del efecto que ese producto cultural genera en la sociedad, ya sea porque contribuye a la transformación social, ya porque favorezca la perpetuación de ciertas estructuras.

  6. […] veo de bares celebrándolo, a qué te gustaría que te invitara, si a una cocacola o a un chupito. Compromiso .…no me gustan las novelas en las que ella es tonta, patosa, frágil y necesitada de protección, […]

  7. Con tan buen post y tan buenos comentarios poco más me queda que añadir, salvo que no estoy de acuerdo con la postura de Guillermo. En mi opinión evitar los estereotipos enriquece la literatura (y la cultura en general) y los creadores sí somos plenamente responsables de lo que hacemos. Otra cosa es que nos importe o no el efecto que nuestra obra pueda tener en los demás.

    Cada día me gusta más tu blog.

  8. Es un post muy interesante. Desde la tele se pontencian ciertos esterotipos, que a mí como mujer no me gusta nada. Estoy de acuerdo contigo en que no me gustan las chicas que no saben resolverse sus problemas. ¿Qué imagen dejamos a nuestros hijos? Y el caso de tu amiga no es el único que conozco. Muchas de ellas (con sólo 8 ó 9 años) quieren casarse. Lo peor es que lo plantean como una meta última. Parece que hallamos retrocedido un paso en nuestras libertades como mujeres.
    Yo como madre de un adolescente de 14 años educo a mi hijo para que la igualdad de derechos sea la norma, no la escepción.
    A mí no me gustan ciertos programas de esas luchas de sexos (matrimoniadas por poner un ejemplo). Puedo decir que mi hijo tuvo cierto interés por este programa, pero no porque lo viéramos su padre o yo, sino porque hacía gracia a los niños de su clase. Al final mi hijo sólo ha visto dos programas porque él mismo reconoce que no tiene ninguna gracia.

  9. Entono un mea culpa en nombre de los escritores. Confieso que a veces también tengo que recurrir a los estereotipos, pero qué se le va a hacer, a veces la imaginación no da para más.
    Otra cosa es que con un poco de ingenio y habilidad, se le pueda dar la vuelta a la tortilla, y utilizar el estereotipo como muestra de lo que no se debe ser.
    Gracias por este blog, lo sigo desde hace algún tiempo y sólo hoy me decido a dejar un comentario. Resulta muy interesante ver las cosas desde el punto de vista del editor.

    • Ikima said

      Bueno, a lo mejor como escritores también es buena idea romper el estereotipo desde dentro. Quiero decir que muchas veces conoces personas a las que automáticamente encasillas dentro de un tipo de personas en una primera impresión, y con el tiempo, a medida que la conoces, te das cuenta de que te habías equivocado. Todos llevamos estereotipos mentales por defecto. Podemos plantear un personaje en principio estereotipado, y que evolucione a lo largo de la novela para destrozar el estándar y demostrar que todo ser humano, por muy normal que parezca, es único. Es decir, cuando nos falte un poco de imaginación, siempre podemos aprovechar la falta de imaginación en favor nuestro🙂

      • De hecho, como lectora, me encantan esas historias en las que el personaje “típico” acaba descubriéndose como algo totalmente distinto y sorprendente. Es como ver a Clark Kent quitarse la chaqueta para convertirse en Superman.

      • Rubén said

        Esos personajes que crecen, se crean aristas y formas originales de pensar. Si quieres sorprender en tu historia, que mejor que un personaje típico, sea lo que no parece. Hay que usar estereotipos para luego sorprender o romperlos para crear personajes interesantes.
        La mamá que se ocupa de la casa y el padre que trabaja llegando cansado a casa (por poner ejemplos), no hará ningún bien a un relato infantil.

  10. Fer said

    Hombre, poco más puedo decir que no se haya dicho ya, pero creo que todo radica en la conciencia. Precisamente por esa pluralidad de la que habla Elsa, podemos escribir de lo que queramos porque la realidad de la que escribimos es precisamente eso, plural. Podemos hacerlo, pero también tenemos que ser conscientes de las consecuencias que puede tener que lo hagamos. Si lo hacemos, no dejemos de lado unas consecuencias y no pensemos que, bah, no va a pasar nada. Porque, aunque no ocurra, puede que lo haga. Queda en nuestra conciencia hacerlo o no. No siempre tiene por qué ser malo, no tenemos por qué ir siempre con esos pies de plomo. Pero creo que hacernos esa reflexión previa antes de escribir, aunque sea, una palabra, siempre va a beneficiar a lo que escribamos. Y si nos beneficia a los que escribimos, por lógica, va a beneficiar a los que nos lean.

    O no.

    El relativismo es mi amigo, por eso me hago tantas preguntas, porque no le encuentro respuesta a ninguna.

    • Mira quién anda también por aquí😉

      Yo, como ex trabajadora de los medios audiovisuales, he oído taaaantas veces lo de que uno solo “refleja la realidad” como excusa para escurrir el bulto que ya me he cansado. En libros, películas y series, la realidad no se “traspone”, como si se tratase de una fotografía perfecta del conjunto del universo. Cada uno percibe y refleja la realidad a su manera. En suma, la realidad se construye, y de eso somos todos responsables. Que cada uno entienda esa responsabilidad como mejor le parezca.

  11. Victor said

    Hola Elsa,

    es con gran placer que descubro tu blog. Verás, me surge una duda y no sé muy bien donde plantearla, así que lo hago en esta, la entrada más reciente. Estoy escribiendo una novela juvenil y aunque la tengo mas o menos perfilada no sé muy bien cuanto me va a ocupar. No soy de enrollarme mucho escribiendo ni de meter paja, aunque entiendo y respeto a los que lo hacen. Pero me surge la duda de que me vaya a quedar una novela muy corta.En tu experiencia ¿Hay un límite, digamos mínimo, aproximado de páginas/palabras que debe tener una novela? ¿En que momento pasaría a considerarse una novela corta en vez de una novela a secas?

    Muchas gracias por tu tiempo y enhorabuena por el blog. Muy interesante e instructivo🙂

    • elsaaguiar said

      Yo no me preocuparía por eso: una obra literaria tiene que desarrollarse en las páginas que sean precisas. Ni más ni menos. Escríbela sin pensar en nada más, porque si estás intentando que ocupe mucho o poco, forzarás las cosas y eso siempre es malo. Luego, cuando esté escrita y estés satisfecho con ella, ya decidirás qué haces: quizás no puedas presentarla a determinados concursos (si piden una extensión mínima), pero ¿qué más da? Lo importante es que a tu creación no le sobre ni le falte nada.

      • Victor said

        Muchas gracias por la respuesta, Elsa. No es exactamente la que estaba buscando, pero entiendo a lo que te refieres. Seguiré tu consejo.

  12. César said

    Un día, una periodista me preguntó por qué todos mis personajes femeninos eran mujeres (o chicas jóvenes) fuertes e independientes. La pregunta me desconcertó, pues nunca me la había planteado, pero hice memoria y me di cuenta de que, en efecto, y salvo contadas excepciones, mis personajes femeninos solían ser tan enérgicos como los masculinos, o más. Tras meditarlo unos segundos, respondí que a mí me gustan las mujeres fuertes e independientes, y que el estereotipo de mujer sumisa y débil no me interesaba lo más mínimo.

    Con esto quiero decir que los escritores transmitimos, muchas veces sin darnos cuenta, nuestros valores, modelos y creencias. No hay planificación, sólo reflejo.

  13. Ikima said

    El problema que yo veo también en esto, es que por romper el estereotipo vayamos a crear todos personajes contrarios al mismo, pero tan parecidos entre sí, que al final acabe por perfilarse el estereotipo antagónico, lo cual sigue siendo un molde.

  14. Laura said

    En otra acera, todos aquellos que somos padres de familia debemos recordar que nuestra responsabilidad como formadores es primaria: somos los primeros, y lo seremos por muchos años, en ser conscientes y responsables de cómo están creciendo nuestros hijos. No sirve de nada apagar el televisor, sino hablamos con ellos. Y pienso que es mejor dejarlo encendido. Lo que sí es recomendable es enterarnos por nuestra cuenta de qué productos culturales están consumiendo, de qué tratan y qué impacto pueden tener en nuestros hijos. Y charlar sobre ello. Mi hijos veían una serie donde el chico resolvía todos los problemas con ayuda mágica y los padres eran unos completos imbéciles. Les externé mi opinión sincera: les dije que esos padres me parecían demasiado tontos para ser reales. Que nadie se creería algo así. La mirada de censura de mis hijos hacia la serie fue de antología. Y no la vieron más, por su propia decisión, pues ni siquiera se la prohibí.
    Si hablas con tus hijos suponiendo que son personas y no bultitos simpáticos, ya habrás recorrido un gran trecho (no todo, obviamente) hacia su formación de criterio…🙂

  15. Andres Sobico said

    Los cliches, y especialmente los de la LIJ, son como unos juguetes de esos que de niños daban màs ganas de desarmarlos que de usarlos.
    Para un autor son una gran oportunidad para confrontarlos mediante algun desarrollo no convencional, confrontativo, o mediante el humor, desde la parodia.

  16. Hola, nuevo lector del blog, mucho gusto.

    En mi muy breve experiencia personal como escritor, encuentro que luchar contra los estereotipos es una fantástica manera de despertar la imaginación, un auténtico estímulo. No hay nada más aburrido que escribir algo que se escribe solo.

    Un saludo y mis sinceras felicitaciones por el blog,

    N.-

  17. PSG said

    Elsa, yo nunca veo la televisión, salvo que juegue mi equipo de fútbol, nada más. Sin embargo, sospecho que incurro en algunos de los males que achacas a los productos culturales que nos rodean.

    A mi modo de ver, buena parte del problema radica en denominarlos culturales. La televisión española, salvo por la 2 (cuyo estatuto es el más blindado), hace ya muchos años que no es cultural.

    En mi opinión, el problema es que estos productos NO culturales, radiodifundidos, influyen en las conductas por una cosa: el antiguo y suficiente contrapeso que ejercían los productos culturales ya no existe. Antes culturizarse exigía un esfuerzo que ahora se ha difuminado. A través del esfuerzo uno aprendía mejor en qué consistían las realidades sociales. Hoy en día, la representación (la ficción) es la realidad para muchos cerebros poco esforzados. Es el sistema de estudios tan laxo el que convierte a los productos de ficción (series de TV., películas…) en algo no tan recomendable. Por algo una película como American Beauty, que va acerca de la disolución de la responsabilidad adulta, tuvo tanto éxito.

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: