Prescribir y recomendar

8 abril 2010

Hace un tiempo, un lector de este blog proponía en un comentario como tema de reflexión el de los criterios que los mediadores debemos tener en cuenta para prescribir y recomendar un libro.

Y es probablemente de la diferencia entre esos dos últimos verbos coordinados de donde surge una primera reflexión que para mí es crucial: “prescribir” y “recomendar” son dos cosas muy diferentes y deben mantenerse separadas.

  • “Prescribir”, en el sentido en que se usa en el ámbito escolar, hace referencia a la lectura obligatoria. Y aunque la lectura obligatoria ha sido (y en algunos ambientes es) muy denostada, yo sigo creyendo que es muy necesaria. En la escuela cumple un papel muy importantea reflexión sobre una lectura compartida, y para un chaval puede ser la puerta hacia un tipo de libro al que, de otro modo, quizá no hubiera llegado. Por supuesto, si la selección de las lecturas obligatorias es inadecuada para la edad o para el contexto de ese grupo de chavales, la lectura se convertirá en un suplicio que no aporta nada. Y si la actividad que se realiza en torno al libro es un examen para comprobar que los chicos lo han leído, con preguntas que no aportan nada a la comprensión del texto ni facilitan que el lector se apropie del contenido leído (seguro que más de uno hemos tenido en las manos actividades sobre la lectura que incluyen preguntas como “¿de qué color es el jersey que lleva el protagonista cuando va a tal sitio?”), entonces no nos podrá extrañar que los chavales odien leer.
  • “Recomendar” es esa tarea que realizan los buenos mediadores (padres, profesores, bibliotecarios, libreros…) que tiene que ver con lograr que cada libro llegue realmente a las manos de su destinatario potencial en el momento adecuado. Recomendar tiene que ver con conocer al lector concreto, a la persona que tienes delante: sus gustos, su momento vital, sus preocupaciones, sus inquietudes… Y con conocer el libro que le recomiendas y saber que ese es el momento adecuado para que se encuentren. Recomendar tiene también que ver con ayudar  a crecer al lector como lector:  partir de sus gustos actuales (y si son las novelas románticas de escasa calidad literaria, pues qué se le va a hacer) para, poco a poco, llevarle a libros más complejos, de mayor profundidad, de mejor calidad literaria. Pero siempre partiendo de lo que le gusta, porque lo contrario es perderle como lector.

¿Qué criterios generales tendría yo en cuenta a la hora de prescribir y recomendar? Pues más o menos, los mismos que tengo en cuenta a la hora de editarlos.

Lo primero de todo, intentar que sean libros que gusten al lector. Puede parecer que esto es una concesión, una claudicación del que recomienda. Pero no. Si el libro que recomiendas no gusta, es como si no lo hubieras recomendado, porque el “hecho de lectura” no llega a realizarse. O sea, recomendación fallida. Y poca confianza del lector en el criterio de la persona “recomendadora”.

Después, libros comprometidos, en el sentido de libros que se comprometan. Con algo, no necesariamente con aquello con lo que yo personalmente me comprometería. Pero no hay nada menos interesante y que enganche menos (al menos a mí) que los libros inanes, que no dicen nada, que no se casan con nada y en los que todo son medias tintas.

Algunos ejemplos de recomendación:

  • Julia tiene seis años y lee desde hace varios meses. Aún le cuesta un poco comprender lo que lee,  pero cada vez que termina un libro lo grita orgullosa a los cuatro vientos.  Una buena recomendación para ella sería cualquier libro de la escritora Gabriela Keselman, por ejemplo, El regalo o Morris, regálame un amigo.
  • David, 9 años. No es un gran lector, aún le cuesta mucho esfuerzo leer un libro “de letras”. No es capaz de estar quieto mucho rato, pero le encantan las matemáticas y pone mucha de su autoestima en lo bien que se le da esa disciplina. Seguro que le gustaría El libro de Guillermo, de Carlo Frabetti. Una breve reseña, aquí.
  • Silvia tiene 13 años, entrando en la primera adolescencia. Varias veces ha dicho que se quiere hacer un piercing, pero está claro que no se atreve. Sin embargo, le gusta decirlo delante de sus padres y se ve que  disfruta escandalizándolos un poco. Lee bastante y no le tiene miedo a un libro que exija un poco de esfuerzo si da algo a cambio. Un buen libro para ella sería Así es la vida, Lili, de Valery Dayre. Aquí una crítica en Anika entre libros.
  • María, primero de Bachillerato.  Es muy crítica con los adultos y con la sociedad actual, pero desde la reflexión. Es lectora entusiasta de Crepúsculo,  pero últimamente se animó a llevarse Marina y le gustó ser capaz de leer un libro “de adultos”. Un buen libro para ella sería Cielo Abajo, de Fernando Marías. Reseña en la revista Babar.

En cuanto a la cuestión de si un libro precisa un libro fórum o una explicación posterior, yo creo que no.  Por supuesto que un coloquio o una buena conversación sobre un libro que te ha gustado (o no) nunca estorba, pero no es imprescindible. ¿Qué puede ocurrir? ¿Que el chaval no lo entienda todo? ¿Que no lo entienda como nos gustaría que lo entendiera? Yo creo que en ese punto, hay que confiar.  La lectura queda hecha y el lector la va elaborando. Quizá no lo haga en un día, pero si un libro es bueno, deja huella. Y si deja huella, va encontrando su sitio.

Un libro como Así es la vida, Lili, es un libro difícil. Difícil porque no es fácil de entender y difícil porque es arriesgado. Y revuelve. Y uno teme, claro, que el revuelto no quede después como uno querría que quedara. Pero es así: cada lector tiene que construir el significado. Su significado. Después de que hayan pasado más de un par de años desde que lo leí, me sorprendo a veces pensando en Lili, en el argumento del libro, en los padres de esa niña, en todos los padres, en la gasolinera, en el perro.  Y algo pequeñito vuelve a hacer clic, algo se recoloca.

Eso es lo que ocurre cuando un libro encuentra a su lector.

15 comentarios to “Prescribir y recomendar”

  1. ikima said

    Yo creo en la lectura como acto íntimo. Leer es algo entre el libro y tú, por así decirlo, y compartirlo con los demás lo desvirtúa. Muchas veces, comentando un libro con otra persona, me he sentido decepcionada, e incluso como desnuda. Algo así como si hubieran invadido mi intimidad. Es prácticamente imposible que a dos lectores les llamen la atención exactamente las mismas cosas de un libro o, en caso de fijarse en lo mismo, tampoco es probable que lo interpreten del mismo modo. Porque cada vivencia de los personajes se contrasta con la experiencia personal de cada cual, y no hay una vida igual que otra. De modo que cuando alguien hace una interpretación totalmente distinta a la mía, es como si me molestara. Prefiero no escucharlo. Es algo totalmente egocéntrico, desde luego. Seguramente por eso me molestaban tanto las prescripciones escolares, porque convertían la lectura en un acto público y te descubre ante los demás. No es posible interpretar un libro sin dejar al descubierto cierta parte de ti mismo o de tu visión del mundo.

    Con frecuencia me pregunto, mientras leo un libro, si lo que yo estoy pensando o sintiendo es lo que el autor deseaba que se pensara o se sintiera al leerlo. Cada lector hace un libro suyo de distinta manera, y hay que respetarlo de este modo. Aunque uno, como autor, como editor, como padre o como profesor que guía a un alumno deseáramos otra visión, otro impacto.

    Por este motivo soy partidaria de recomendar, no de prescribir, y de dejar que la interpretación sea algo libre y personal.

  2. Begoña said

    Personalmente hay muchos libros que me han marcado y que normalmente nadie recomienda así a viva voz pero que me han ayudado a salir adelante y evolucionar en la forma que de mí pueda esperarse. De modo que un libro demasiado enrevesado o escrito con una intención subrepticia no suele ser para mí y lo dejo por tortuoso, porque me angustia y si yo leo es para disfrutar. Lo mismo que si escribo es para dejar atrás algo que me obsesiona, pero disfrutando del modo en que las palabras reflejan exactamente lo que voy sintiendo con un ritmo que es uno con la sangre. Sin disfrute no entiendo leer o escribir, del mismo modo en que no entiendo pasear sin disfrutar del paisaje y no suelo buscar mucho en un libro que no sea disfrutar de lo que me cuentan. Me da lo mismo la temática pero tiene que aportarme algo como la claridad de exposición para que no lo abandone.
    Ahora mismo estoy disfrutando horrores de La suma de los días de Isabel Allende, porque me aporta toda su experiencia como mujer y como escritora. No se si a los críticos literarios o editores les parece un libro apropiado ni me importa, es justo lo que yo necesitaba leer en este momento de mi vida y agradezco que alguien lo haya puesto en el mundo.

  3. Laura said

    Escribiendo uno se desnuda también, por partes o en todos. Y en gran parte esa intimidad que se crea a través del libro es agradable que sea revivida entre los mismos lectores. No creo que esté mal que se comenten los libros que uno disfruta o incluso, que no disfruta. En el saber compartir lo que se piensa y en no molestarse por ello hay una gran parte de la formación que los niños y adolescentes deben emprender, para que no suceda lo que tristemente sucede en muchos ámbitos adultos: gente que no sabe tolerar las divergencias de opinión o no sabe abrir su corazón o su mente a la postura de otros. El problema de las tradicionales prescripciones escolares no está en su intención de que los chicos lean X o Y, sino en la manera en que son abordadas las clases. Te ordenan leer X libro y luego te examinan con evaluaciones frías y vacías de sentido. Es evidente que así no se fomenta ningun gusto por la lectura.

    Pienso que la prescripción debería envolverse con la recomendación, aún en las aulas escolares. Primero, no me parece adecuado censurar de previo las lecturas que los niños o los jóvenes escogen. Debería haber un espacio precisamente para que ellos escojan, y luego comenten por qué lo escogieron, si lo disfrutaron, si no, y si les dijo algo su escogencia. Así sea Crepúsculo. Luego, podemos proceder con nuestras recomendaciones y abrir el espacio para una conversación agradable, de manera que siempre quede en la conciencia de niños y adolescentes el hecho de que leer siempre será un acto de camaradería, de sociabilidad, y de placer. Aprenderán no sólo a disfrutar de la lectura en general, sino, incluso, a ser críticos con lo que leen -sea literatura o cualquier otra cosa- y a aprender a ser mayores.

    Un apunte: no creo que sea bueno recomendar algo que no has leído, sólo porque está en la crítica como bien reputado. Sino, ¿cómo podrías suponer que realmente puede significar algo a quien se lo recomiendas?

  4. Soy librera (Kirikú y la bruja) desde hace siete años y me muevo en este mundo desde hace 25 (como ilustradora, autora y socia de la editorial Clan)
    Firmaría estas reflexiones, punto por punto, como propias.
    Uno de los momentos mas apasionantes de mi profesión es el reto de la prescripción. La mayoría de los clientes que vienen a la librería nos piden que les ayudemos a descubrir el libro que les está esperando. Cuando el cliente vuelve y te comenta que le apasionó (a él o al niño al que iba dirigido), vuelve a confiar en ti y te pregunta de nuevo….sientes una gran satisfacción y piensas que tu trabajo tiene sentido.

  5. sagui said

    Prescribir, es similar a la receta médica que dá el doctor para curar algún mal.
    Recomendar en mi opinión pesonal, es tratar de unir a “un roto con un descosido” y es una de las labores fundamentales de un mediador. Por supuesto que en la perspectiva de un editor entran en juego varios aspectos que no necesariamente son fundamentales para el mediador.

    En mi reflexión me parece todavía más importante en el ámbito de la promoción a la lectura el Cómo Recomendamos los Libros, ya que involucra la pasión que cada mediador siente por los libros y por el mismo acto de leer, y es lo que imprime el sello de autentisidad que invita a otros a unirse a este mundo tan maravilloso de la lectura!

    Claro que hay que tomar en cuenta información fundamental y tener un basto conocimiento en el mundo del libro infantil haber conocido, leído y generado una opinión del libro.
    Generalmente los promotores se caracterizan por llevar consigo un acervo bibliográfico en la mente, uno que con el tiempo y la experiencia se ha dotado de todo tipo de libros, generos, autores, en fin son catálogos vivientes ya que son ellos mismos el resultado del amor por la lectura y los libros.
    En relación con el tema en cuestión los invito a conocer el cartel publicado por IBBY este año.

    Sí, el compartir la lectura es un acto de rflexión, es un momento en el que todos encontramos un hilo que une mundos independientes, y es eniquecedor, y es en este momento en que nuevamente se pone a prueba la capacidad del mediador de guiar al grupo de forma en que todos se sientan incluidos y respetados. Estos espacios lejos de buscar la unificación de opiniones y criterios se deben observar como ventanas en las que podemos dar a conocer y conocer un poco más de lo que otros experimentan al leer.

  6. Elsa, estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices en este post.

  7. Begoña said

    Quiero comentar algo curioso, El guardián entre el centeno es un libro que no me gustó y devolví a la biblioteca antes de la página cincuenta, en cambio mi hija lo está terminando de leer con una atención excepcional, le encanta.

  8. Gonzalo said

    Hasta hace pocos días no sabía de este blog. Es muy interesante, era necesario, es muy bueno. Gracias. Es útil para lectores, bibliotecarios, libreros, enseñantes, aspirantes a escritores y para los mismos escritores. Y para otros editores. Para muchos de ellos, de obligada lectura.
    Estoy de acuerdo con el contenido de este comentario, que refleja muy bien no solo el pensamiento de su autora, sino también su trabajo. Y es hermoso que pensamiento y trabajo vayan al mismo ritmo. Como dirían nuestros abuelos, “predicar y dar trigo”.
    Solo un matiz: si bien en la recomendación es evidente que existe el lector al que se recomienda, en la discutible (y discutida, y también necesaria) prescripción (la palabra es horrible y habría que encontrarle una alternativa menos llena de aristas), no existe el lector. El plural de lector, lectores, es posible en abstracto, pero casi imposible en concreto: como se dice aquí, cada lector es distinto y lee un libro distinto.
    ¿Y entonces? ¿Cómo se puede prescribir para todo un grupo? Grupo en el que hay niveles, sensibilidades y gustos muy distintos, siempre. Y cuanto más mayores sean, más distintos.
    Mi pregunta es: ¿hay que buscar un mínimo denominador común? Es decir, ¿un libro fácil, que pueda gustar tanto al buen lector como al que apenas le gusta leer?
    Mi opinión: no. Siempre desde arriba, siempre buscando un buen libro, aunque en principio no sea un libro del gusto de todos.
    Pero solo si después el mediador es capaz de generar un debate entre los lectores, haciendo que cada uno opine de por qué sí o por qué no.
    Es más:para mí, este debate posterior es condición indispensable para que la prescripción común sea aceptable.
    Y, por supuesto, no al examen sobre el libro. Podría figurar como en las cajetillas de tabaco: “Hacer exámenes o controles sobre los libros perjudica seriamente la salud del lector”.
    Propongo a Elsa Aguiar otro tema: la recomendación por edad.

  9. Ikima said

    Gonzalo, gran aportación y gran proposición esta última que haces sobre la recomendación por edad.

  10. PSG said

    Hombre, lo ideal sería decirle al mozo “andate a la biblioteca y descubrid vos que os gusta y que no…”. Pero, sí, todos recomendamos.

    Santi

  11. Alexia said

    ¡Me encanta este sitio!
    Estoy completamente de acuerdo con la entrada. De hecho, yo misma odiaba leer de pequeña. Los libros que nos mandaban en el colegio no me interesaban lo más mínimo y, aunque me los leía y hacía los trabajos necesarios, se me olvidaban al poco tiempo porque no habían significado nada para mí, ni me habían llegado.
    Y todo cambió cuando una amiga me recomendó una trilogía de fantasía. Y ahí fue cuando descubrí mi lugar en la literatura y empecé de verdad a leer y a emocionarme con la lectura.

  12. […] a un concurso;  Mitos y realidades de la edición 2: Las editoriales solo publican lo que venden; Prescribir y recomendar; Publicar sin que te publiquen;  Prefiero que me publiquen; Cinco cosas que no es la literatura […]

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