¿Para quién se escribe?

18 abril 2010

Leía el otro día un reportaje muy interesante en El País títulado La derrota de la página en blanco. En él, varios escritores y algún editor reflexionaban sobre la escritura y daban algunos consejos a los escritores noveles para enfrentarse al reto de la escritura.

Al margen de lo curioso de los consejos (algunos previsibles, otros no tanto) y de su utilidad más allá de mostrar el ingenio de quienes los escriben, al cabo del tiempo se me ha ido dibujando una duda, sobre todo porque el tema no aparece reflejado en ninguna de las intervenciones. ¿Hay un lugar para el lector? Es decir, ¿está (y/o debe estar) el lector presente en ese momento de génesis, de creación, de plasmación en el papel?

He oído a muchos autores decir que “escriben para sí mismos”. Pero me pregunto si de verdad es así. Si es posible escribir para uno mismo (más allá del diario íntimo) o si cuando uno escribe tiene, necesariamente, un, unos, lectores implícitos en la cabeza.

Si aterrizamos el tema en la literatura infantil, las dudas crecen. ¿Basta con que lo que uno cuenta “importe”,  o además hay que hacer el esfuerzo de conseguir que al lector “le importe“? ¿Por qué algunos autores parecen considerar este esfuerzo como caer en el terreno de lo “comercial” o incluso de lo “deshonesto”? ¿Tendrán razón? ¿Comete algún tipo de pecado de pensamiento el autor que se pregunta si lo que está escribiendo se entenderá bien, si enganchará desde la primera página, si transmite un mensaje significativo al lector?

Ya sé que no es lo mismo, y que incluso la traslación puede ser un poco perversa, pero desde luego, no se puede editar (o yo no sé hacerlo) sin imaginar a los  destinatarios (múltiples siempre) de cada libro.  Imaginarlos en el momento de enfrentarse al libro por primera vez, mirando la cubierta, leyendo atentamente la cuarta y lo que en ella se promete. Imaginarlos en el momento de comenzar la lectura, con su bagaje anterior, con sus expectativas, con sus pecualiaridades. Imaginando sus reacciones, su sorpresa, sus risas, su angustia, su reflexión posterior. Quizá porque concibo la literatura como comunicación antes que como cualquier otra cosa. ¿Acaso éste es un “trabajo sucio” que nos corresponde hacer a los editores, para así permitir que los autores se mantengan en el “territorio virgen” de una “creatividad no condicionada”?

Son dudas que me planteo, no tengo certezas. ¿Se ve diferente cuando uno es autor, editor, lector, librero? ¿O tiene que ver con una actitud más general ante el hecho literario, independiente del papel que a uno le toque jugar en él?

35 comentarios to “¿Para quién se escribe?”

  1. Guillermo said

    Escribir será siempre algo íntimo pero, a la vez público.
    Quierase o no, en menor y mayor medida, todos los autores quieren que sus obras sean leídas por alguien más que por él.
    Y no me parece deshonesto pensar en el posible lector. Ni en si engancha. Es distinto tener una historia que contra a querer contarla y como artista y creador de contenidos quieres que la persona disfrute leyendo lo que escribes. No es buscar que sea viable comercialmente sino escribir cada vez mejor.

    Saludos.

  2. WOLFVILLE said

    Lo mejor en mi opinión es un equilibrio. Si el escritor debe procurar corregir (pulir) lo más posible el texto antes de que caiga en las manos del editor, no veo porque no va a pensar también un poco en si lo que esta escribiendo merece la pena ser publicado. Es anticipar algo que el editor tendrá que considerar a la hora de mandar la novela a imprenta.

    Aun así también hay escritores que escriben mirándose el ombligo y eso también a veces da buenos frutos, al aparecer la feliz casualidad de que esa narrativa no-comercial (por así llamarla) consigue calar en los lectores.

    Saludos.

  3. Laura said

    Pienso que hay muchos prejuicios entorno a lo “comercial”. Y muchos autores creen que al confesar que tambien desean ser leídos están cayendo en lo “comercial”. Pero de hecho, si no desearan ser leídos por alguien más que por sí mismos, jamás mostrarían sus escritos a sus amigos o familiares y mucho menos los enviarían a las editoriales, pues el cometido de éstas es, por su naturaleza, hacer que dichas obras sean leídas por muchas, muchas más personas.

    No hay que confundir tampoco una historia “prefabricada”, ya ideada por el departamento de marketing de alguna editorial especialmente interesada en crear best-sellers, con el acto normal de escribir una obra literaria y esperar que guste a sus lectores potenciales. Pienso que la mayoría de los autores escriben sus obras de la mejor manera posible precisamente para que puedan ser leídas y gustadas. Sino… ¿para qué molestarse? Y es perfectamente legítimo y hasta considerado anticipar el tipo de público al que destinarás tu escrito. Si has pensado en niños de 5 años jamás escribirás como si fueran a leerte chicos de 14 años. Igual sucede en la literatura adulta, en el género en el que te desenvuelves, en el tipo de historia que quieres contar. O incluso si no vas a contar una historia, si lo que vas a hacer es cantar un poema. El lector siempre cuenta.

  4. Begoña said

    Si pretendes llegar a publicar escribes para un público que está presente mientras escribes,y no importa el hecho de que no esté. Algún día no estarás para explicar tu texto a quienes lo encuentren en un cajón y viene a ser lo mismo, siempre hay o habrá lectores, sería de tontos pensar que no.

  5. Maite said

    Yo estoy cansada de escuchar eso de “si quieres que te publiquen ya sabes de qué tienes que escribir…”
    Ahora suelo escuchar: Vampiros.
    De todas formas, no creo que sea lo mismo escribir para peques que hacerlo para jóvenes-adultos.

    Hay que escribir lo que a uno le gustaría leer o, en el caso de la literatura infantil, lo que quisieran que leyeran sus hijos.

  6. Ikima said

    Eso de “escribir para uno mismo”, personalmente, me resulta imposible. Incluso cuando se escribe con la mera intención de dejar el texto oculto de por vida, sin que nadie lo lea, ese “uno mismo” es un lector. Quiero decir que, en esos casos, el autor se comporta simultáneamente como escritor-lector y no como escritor a secas. Es como si se desdoblara, y esto le permite disfrutar o desdeñar sus propios escritos. Siempre se escribe para un lector, aunque sea algo difuso, impreciso, como cuando aparece alguien en nuestros sueños y no acabamos de ver con nitidez su rostro, pero sabemos que está ahí, y que su opinión cuenta. O es determinante. Puede sonar muy romántica la idea de que un autor no escriba para nadie, que jamás piense en que al lector le pueda o no importar su libro, pero creo que, desde el momento en que intenta publicar o se presenta a un concurso, se estará contradiciendo. Por tanto no puede haber autores que aspiren a la publicación o que tengan libros publicados que no esperen ser leídos y gustar a quien los lee. Para mí, aspirar a ello y a la vez afirmar que no les importa la opinión de los demás, es bastante hipócrita. Lo comercial, a mi juicio, sería basar la obra en estrategias que simplemente enganchen o presenten el morbo como principal atractivo, sin importar la calidad literaria. Si una obra está bien escrita y además te sobrecoge desde la primera página, entonces es una buena obra.

    Supongamos que un escritor crea una obra “mirándose el ombligo” como ha dicho Guillermo. Si esa obra al final cala en los lectores, y se convierte en un éxito en ventas… ¿Se sentirá defraudado el autor? ¿O se alegrará?

  7. Daniel said

    Tal como comentas, aparte de la escritura que podríamos denominar “hacia uno mismo” (diarios íntimos, p. ej.), considero que uno de los ejes fundamentales de la escritura es la comunicación, conseguir llegar al lector, compartir con él. Y para conseguir llegar, lo que escribimos tiene que importarle. Ésa es precisamente una de las cosas que he aprendido: que no basta con querer decir algo, sino que hay que buscar la manera de que al lector le interese lo que lee, que “entre” en la historia (dosificando la información, introduciendo elementos de intriga, etc.).
    Y si nos referimos en concreto a la literatura infantil y juvenil, pensar en el lector se convierte en algo imprescincible. Lo que quiero decir es que escribir un libro para un niño de 5,6,7 años, usando elementos propios de su mundo simbólico y mágico, no es lo mismo que escribir para un adolescente, pues en esas edades su mundo gira en torno a otros “parámetros” (la independencia respecto a los padres y la maduración emocional que va asociada a la socialización).
    Saludos.

  8. Fer said

    Yo es que creo que hay diferentes fases en todo esto, nada es blanco ni nada es negro. En mi caso, cuando me planteo escribir una historia, tengo muy claro que voy a escribir la historia que quiero contar. Es mi momento. Igualmente cuando me organizo las ideas sigo por ese camino, la historia que quiero contar. El viaje que quiero hacer.

    Es después, cuando me pongo a escribirla, cuando tengo en cuenta al lector. Me es imposible no hacerme las preguntas de “¿esto gustaría si alguien lo leyera?” “¿He expresado bien esta idea?” “¿Doy demasiada información?” “¿Doy muy poca?” Yo creo que es imposible no tener en mente al lector en el momento de la escritura, pero no como un censor o como una manera de venderse. Yo lo veo más bien como una deferencia o una muestra de respeto.

    ¿Escribir para uno mismo? Quizá, pero es que ese uno mismo ya va a ser el lector de lo que estés escribiendo.

    Escribimos para ser leídos, ya sea por nosotros mismos o por los demás. Es imposible no tener en cuenta al lector, aunque ese lector seas tú mismo. Aunque ese lector sea un lector ideal que no existe.

    (esto me ha quedado un poco categórico, ¿no?)

  9. Hopis said

    Creo y sé que detrás de cada libro hay, por lo menos, un lector, alguien que va a vaciar la obra completamente de contenido, que va a entender la obra de manera total(incluso más que el propio autor).
    Para él o ella – que también crea al interpretar y elobrar el significado último del mismo- fue escrito ese libro.
    En la reflexíón de Elsa, tan interesante como siempre, parece mezclarse el concepto de lector y de mero receptor o consumidor de una obra literaria.
    Me explico:
    Muchas personas pueden ver un cuadro colgado en un museo, pero sólo muy pocas gozarlo,comprenderlo e incorporarlo a su vida y sentimientos. La mayoría lo observarán, pero no serán capaces de interpretar su sentido.

    Lo mismo ocurre con los libros, sean o no juveniles.

    El escritor puede buscar lectores (personas que comprendan lo que han leído) o meros consumidores de su obra (ventas), que les ayude a malvivir de la Literatura .
    De las misma forma, las editoriales pueden buscar hacer verdaderos lectores o, simplemente, que sus obras se venden lo máximo posible.

    • Laura said

      ¡Qué extraño! ¿Entonces si yo leo un libro pero no lo compro soy por tanto una verdadera lectora, mientras que si lo compro y lo leo soy mera consumidora de un producto? Me parece una idea muy abstracta de un lector (el que “comprende”) y un cuasi-lector (el que “compra”) que no calza con la realidad.

  10. Palma said

    Yo no creo que la preposición más acertada en la mente de un escritor sea “para”. Es inevitable, el “para” condiciona, el inconsciente absorbe su sustancia como una esponja y en cada folio aún en blanco (aparentemente), ese “para” ya está escrito de forma subliminal.
    Escribir “para” es un error, a menos que consideremos a los lectores clasificados en grupos de humanos de características similares y de escasa personalidad. Y no. Precisamente porque el mundo del bienestar enlatado parece que pretende hacer clones que piensen en la dirección que se les marca, la literatura debe ser, desde mi punto de vista, un acto de rebeldía, un ejercicio de libertad. Y esa libertad empieza en el propio escritor.
    Desde que se escribe “para”, los libros infantiles son dulces (no vaya a ser que los niños se nos frustren o escandalicen), los juveniles se llenan de “valores” (no vaya a ocurrir que se salgan del sendero marcado) o de merengados mundos fantásticos (que leer sea tan divertido como el uso de las maquinitas, por dios). Hay contenidos que se ponen de moda, y las librerías se transforman en puestos de churros. En eso se transforma escribir “para”
    Así es que, si sobreviven como lectores después de tanto “para”, buscan libros que les sorprendan, que les hagan salir de los productos prefabricados. Y es entonces cuando miran hacia la literatura, que, por otra parte, y dadas las circunstancias, siempre será alimento de una mayoría minoritaria.
    Preposiciones hay muchas ¿Por qué no elegir “con” o “por”?

    • Laura said

      Es igual. Vuelves al viejo argumento de la literatura “comercial”. En realidad, preguntarse “para” es muy importante: puedes decidir escribir productos prefabricados con el fin exclusivo de acumular ventas fáciles o puedes decidir escribir una historia original, tuya, dirigida a un lector que se atreva a la aventura. Pero, ojo, esa aventura tuya original puede convertirse, de pronto, en algo más que alimento de “minorías”, precisamente por el encanto que siempre guarda lo original.

      • Palma said

        El arte, y la literatura lo es, nace de la rabia, de la pasión, del miedo, de la belleza, de la duda… Es una interpretación de la vida, una inmersión en el alma del Mundo. El artista, el escritor en este caso, bucea por sus aristas y descubre personajes que viven al margen de cualquier ley. Son ellos y no los potenciales lectores los que deben marcar al autor.
        Siempre he creído que cuando un escritor se adentra en su obra, el mundo exterior desaparece llevándose consigo todo, incluyendo en ese todo el concepto del lector

  11. Creo que hay demasiada literatura sobre el “hecho de escribir”, sobre la escritura como libertad, como acto de imaginación, etc. Leyendo historias de la lectura, del libro o del lector vemos las múltiples formas de escribir que hay a lo largo de la historia… Diría que no una por cada autor sino más bien una por cada libro. Y no hablo de las (auto)biografias de los autores o de las entrevistas que realizan porque, lo siento, me cuesta tomarlas como actos de sinceridad, creo que son anuncios (conscientes o no) de sus libros.
    La mayoría de las veces que leo textos sobre este tema es para menospreciar las “otras literaturas” y justificar la literatura que escribe, publica o critica el que la escribe. Creo que son más declaraciones de intenciones que intentos de análisis. No sé qué pensais… Escribo teoría y siempre que me pongo a escribir o preparo un conferencia lo hago para un perfil de lector concreto sobre el que previamente me han informado, igual que comenta Elsa cuando edita. ¿Escribir literatura es diferente? No lo sé, pero cuando analizo las grandes novelas del XIX como El conde de Montecristo o La vuelta al mundo en 80 días se deduce que tenían en la cabeza a un lector muy claro. Un abrazo para todos…

    • Gonzalo said

      Claro que sí, Gemma. Pero yo no imagino a Kafka pensando en el lector cuando empezó a escribir que Gregorio Samsa, al despertar, se había convertido en un insecto. O a Salinger y Holden, o a tantos otros. También podríamos buscar ejemplos intermedios, y la proporción de ambos ingredientes es infinita. Peter Pan y La Isla del Tesoro, por ejemplo, fueron concebidas para un lector individual, que al mismo tiempo era “todos los lectores” de su edad y condición.
      Es problema de cada cual. Hay obras magníficas pensadas desde su inicio para el lector, y obras pésimas escritas desde la búsqueda interior. Y al revés.
      El que escribe para sí puede ser Kafka, o un pedante insufrible. El que escribe para el lector puede ser Barrie o un oportunista integral. No hay reglas. Por buscar en otro árbol: Van Gogh no vendió un solo cuadro en vida, pero su aportación a la pintura fue decisiva. Velázquez pintaba para la corte, pero su aportación fue igual de decisiva o más.
      Personalmente, escribo para buscar, y me apasiona encontrar en el largo y complejo proceso de la escritura. Escribo para saber, no porque ya sepa. Y cuando acabo de escribir, suelo saber más, algo más. Si escribiera lo que ya sé, no avanzaría. Y no concibo la escritura como una sucesión ad nauseam de lo anteriormente escrito. Para mí, este es el más indigno de los plagios.
      Por el contrario, si escribiera lo que quieren los lectores, me tendría que dejar llevar por las modas y las tendencias. Pero esas modas y tendencias las marcó alguien que no escribió siguiendo las modas y tendencias; alguien que buscó, y rompió con algo anterior. El escritor que piensa en el lector como objetivo puede ser honrado, pero no dejará de ser un artesano que repite con otra apariencia lo que otros han escrito antes. O lo que él mismo ha escrito antes con éxito.
      Lo mejor que me han dicho de un libro salió de los labios de un lector: “Cómo ha podido escribir usted un libro de los que no me gustan, que me ha gustado tanto”. Si hubiera escrito un libro de los que ya le gustaban, ¿qué habríamos avanzado, él y yo?
      Problema distinto es el del editor, que puede elegir entre la amplísima gama de originales que se amontonan en su mesa. Seguramente tiene que ser cauto, y promediar: darle al lector lo que ya espera, pero apostar también por lo inesperado. En cualquiera de los dos casos, lo que distingue a un buen editor de uno malo es algo indefinible: el olfato, la intuición. Libros previsibles pero brillantes, libros imprevisibles pero que abran camino, no que se queden en el almacén. Las ventas de los primeros apoyarán a los segundos, sin duda, pero en el balance final, algo habrá avanzado, algo nuevo habrá descubierto y ayudado a descubrir. Sin este tipo de editor, la poesía seguiría pegada a la rima y a la métrica.
      Antes de escribir un nuevo libro solo me hago una pregunta: ¿puede este libro aportar algo nuevo? De que la respuesta sea positiva depende que lo aborde o no. Sería mucho más sencillo y lucrativo repetir un éxito propio o seguir la huella de uno ajeno, pero, ¿sería eso literatura? Heredé de alguien a quien quería y quiero una máxima: Todo lo que no hace falta, sobra.

      • Estoy totalmente de acuerdo🙂 En definitiva: da exactamente igual. Peter Pan escribió para unos niños pero en aquellos estaban todos los del mundo y de nuevas épocas. Me gusta mucho lo que dices: “Personalmente, escribo para buscar, y me apasiona encontrar en el largo y complejo proceso de la escritura. Escribo para saber, no porque ya sepa. Y cuando acabo de escribir, suelo saber más, algo más. Si escribiera lo que ya sé, no avanzaría. Y no concibo la escritura como una sucesión ad nauseam de lo anteriormente escrito. Para mí, este es el más indigno de los plagios.” Comparto absolutamente lo que dices. En mi caso, me encantan los retos que me plantean los profesores, editores, etc., porque sus preguntas, que a veces ni me las platee, pueden ser el camino para investigar las posibles respuestas. En el caso del editor que comenta Elsa, la intuición se nutre y se alimenta con el conocimiento que apunta. Un abrazo, Gonzalo ?

      • elsaaguiar said

        Mmmm… ¿Tener un lector implícito es lo mismo que escribir lo que quieren los lectores?

      • Laura said

        Yo creo que cuando hablamos de escribir para un lector no estamos pensando en gente concreta con gustos específicos, sino en una estructura mental abstracta de “alguien” que sin duda leerá nuestra obra y la verá con ojos nuevos. Nosotros mismos, al leerla, somos parte de ese Lector abstracto. Pero siempre lo tenemos en cuenta, siempre, aunque no nos “dejemos llevar por las tendencias”. Esas tendencias en realidad están dirigidas a lectores concretos con gustos formados en temas y personajes específicos. Es una propuesta de marketing. En cambio, el Lector del que estamos hablando aquí, me parece, es un concepto artístico. Cosas muy distintas.

  12. Gemma Ll said

    De todas formas: ¿no da igual para quién se escriba o por qué se escriba? Pensaba en Alejandro Dumas, dice el anecdotario literario que era un adicto a las juergas y que alargó, entre otras, El conde de Montecristo para pagar sus deudas (dicen), también dicen que a Jules Verne las compañias navieras le ofrecían dinero para que las aventuras de Fogg llegarán a buen puerto en sus barcos y fracasaran en los de la competencia (dicen), y quién no recuerda para quién escribía Lewis Carroll y si hacemos caso a los porqués que adelantan algunos… ;(
    De todas formas, da igual, bienvenida sea cualquier pregunta que suscita este rico diálogo entre todos… Un abrazo

  13. Begoña said

    Palma, aunque estoy de acuerdo contigo en que cuando te adentras en la obra desaparece todo lo demás y te sumerges en el mundo de la historia únicamente, pero aún así a la hora de corregir está el lector, al menos en mi caso y bloquea un poco. Me gustaría pensar que aportar claridad al texto no va en detrimento de obra aunque tampoco lo se, la verdad.

  14. Uno puede pensar o no en el lector al escribir un libro, pero creo que resulta irrelevante para la historia que se va a contar. ¡Cuántos libros inicialmente pensados para un público infantil han sido más leídos por los adultos! Evidentemente, si partimos de la base de que el autor es a la vez lector de su obra, constantemente se está pensando en ese lector que eres tú: te tiene que interesar lo que cuentas, te tiene que servir a esa motivación interior que te ha llevado a ella, apasionarte,gustarte… Y por supuesto tienes que hacer inteligible lo que escribes y corregir una y mil veces hasta encontrar las palabras adecuadas para lo que cuentas y colocarlas en el sitio correcto para que el texto fluya. Pero otra cosa es tener en cuenta la posible aceptación del lector y que ello te condicione. En mi caso no pienso nunca en él, al menos conscientemente, aunque sí en la responsabilidad de escribir cada vez mejor que me trasladan los lectores con sus comentarios. Si te dicen que un libro tuyo les hace de psicólogo, o que les ha cambiado la vida, o que, gracias a él, han salido de la anorexia, sabes que te tienes que dejar los cuernos para que esa novela que estás escribiendo sea auténtica, no suene a mentira. Para mí uno de los mejores piropos que me suelen dedicar es: “Esta novela es como si la hubiera escrito yo, me he identificado completamente con el personaje”, o “has contado mi vida”. Por eso creo que lo importante es “desde donde lo cuentas” no “para quien lo haces”. Los personajes que te eligen para tus novelas están vivos: puedes oír su voz interior, sabes cómo hablan, qué conflictos les mueven, cómo les influyen… Y precisamente porque están vivos y son reales conectan con el lector, ya que los conflictos y los sentimientos son universales y, de algún modo, todos participamos de ellos.

  15. ricardo gómez said

    Interesante sitio, atractivos participantes, jugoso tema. Me animo… Yo creo que siempre el escritor piensa en un lector implícito, aunque no siempre luego corresponde con el destinatario último del libro: por poner un ejemplo, Sendak escribe “Donde viven los monstruos”, pero yo lo disfruto.
    Creo que el tema planteado da para mucho y desbordaría una breve intervención. Por un lado, habría que definir qué es un “adolescente lector”, que no siempre coincide con el adolescente biológico, en un tramo de edad marcado por la fisiología o la ley. Hay chicos y chicas capaces de leer mucho más allá de los límites que suponemos escritores y teóricos, del mismo modo que hay otros que apenas superan la descodificación y la literalidad.
    Por otro lado, creo que el problema no está en el “escribir para”, sino lo que sigue a ese “para…”. Lo que a veces se oculta en el “escribir para adolescentes” es “escribir para que les guste, para que les satisfaga, para vender mucho entre ellos, para seguir sus modas, para crear tendencias, para atraparles con historias para-televisivas, con convencerles de que ´leer es fácil y divertido´, etc”. Cada cuál elige qué quiere escribir, pero el problema también está en esa finalidad implícita. Que a mi juicio no debe ser otra que crear una historia que pulse en el corazón del escritor y que pueda llegar a lectores (quizá, adolescentes). Saludos.

    • elsaaguiar said

      Lo que yo me planteo (sé muy bienvenido, Ricardo) es si escribir para que al lector “le guste” (donde dice “le guste” léase le apasione, le conmueva, le interrogue, le confunda, le perturbe, le sorprenda…) es tan malo. Me explico: si a un lector le “gusta” (léase como se indicó) un libro, lo leerá entero. Lo releerá. Lo recomendará. Y volverá a él varias veces a lo largo de su vida.
      Si hace todo eso, tendrá lugar realmente y de verdad un “hecho de lectura” de los verdaderamente significativos. Solo a través de ese “hecho de lectura” (quizá fuera necesario encontrar un término más apropiado y explicativo) el escritor puede pulsar el corazón del lector (a la vez que el suyo propio), puede hacer que el lector quiera buscar y encuentre (a la vez que busca y encuentra él mismo), puede conseguir que el lector, al terminar de leer, sepa algo más (como él sabe más cuando termina de escribir), puede sorprender al lector (como le sorprendió a él mismo la escritura).

      • ricardo gómez said

        Bien, bien… Preciso, que las palabras son traicioneras. Cuando hablaba de “que les guste” era en el sentido de “que sea complaciente”. Por lo demás, estoy de acuerdo en todo lo que señalas: que les apasione, confunda, inquiete, asombre, perturbe… incluso que les arañe. Estoy de acuerdo en que cuando esto sucede será un auténtico “acontecimiento de lectura”.

      • Andrés Sobico said

        quizá podríamos hablar de “experiencia de lectura”…

      • laura said

        Ah… estamos atrapados en esta inmensidad que es el lenguaje. Si uno dice que escribe para el lector (o edita para el lector, que es otra cosa) estamos refiriéndonos a un imaginario que ha construido un sujeto acerca de una idea. Entonces, no estamos hablando de un lector real sino de una idea de lector. Ese imaginario se puede construir desde el rigor de datos procesados con estadísticas y bla, bla o a partir de intuiciones más o menos objetivas o subjetivas.
        Me parece que el trabajo de escritura necesita de cierta “entrega”. Es el sujeto que escribe, la voz que encuentra, la confianza en las palabras, en el mundo que está creando y las elecciones. La materia que lo ocupa es la escritura. Claro que ha pensado en este mundo desde tanto tiempo antes, antes de enterarse, incluso. Y ha desechado otros proyectos de escritura porque no lo convencían, porque allí no encontraba materia para el despliegue. El autor se enamora de ese mundo que está trabajando. Cree en su invención. La acaricia, se convence. Y esto porque la escritura y la lectura se mezclan y desmezclan todo el tiempo. El autor se desdobla en lector. Pero es él. Uno. Y su enamoramiento.
        Luego, desde esa lectura, jugará distintas posiciones y sabrá si ese mundo que ha trabajado “también puede ser leído por los niños”.
        El imaginario de lo que quiere/desea/necesita/consume el lector muchas veces se equivoca y el escritor también, me parece que no hay receta segura. Pero, yo como lectora he creído sentir el enamoramiento que tantos autores han puesto en su prosa: y de verdad se los agradezco (de lij o lit)

  16. Andrés Sobico said

    Hay chicos, y hay grandes (los llamados adultos). El grande que escribe para chicos, si lo que escribe es genuino (si escribe lo que a él le gustaría leer); lo que hace es explorar esa zona de inclusión, especialmente las fronteras de esa tierra compartida (¿prometida?)entre el chico y el grande.Y claro, ese escritor tiene in mente qué vendría a ser un chico, y la única brújula contra a la autocensura es confiar a rajatabla en ese ser, en esa mente.
    Después, están los editores , (si no son meros publicadores)con un gran entrenamiento para detectar valor literario y para conocer qué es un chico en la actualidad. Con esa info, el escritor (luego de tener ya la obra en manuscrito), puede reordenar, retocar lo que luego llegará a ser un libro.
    Conste que toda esta perorata es sólo mi opinión, mi motivación para escribir y mi manera de ver a la industria editorial que intenta encontrar nuevas obras.
    Un saludo a todos desde el río de la plata (buenos aires)

    Andrès Sobico

  17. ¡Vaya! Llego tarde a esta interesante discusión, y veo que hay opiniones para todos los gustos, entre profesionales, autores, aficionados…

    Yo solo sé que no sé nada y que no tengo las cosas demasiado claras en este sentido. Creo que depende bastante de cómo experimente cada uno el proceso creativo y de su concepto de obra como “acto comunicativo”.

    Para mí, los autores y las obras se sitúan en una especie de línea. En un extremo están los autores más cerebrales, para los que lo importante es la eficacia de este acto, y no son solo los más comerciales. Son gente que se preocupa por la impresión que causa su obra y por modular los mensajes de modo que sean comprensibles por el público al que quieren llegar. Y en el otro están los autores para los que el proceso creativo es lo más importante, porque lo viven como algo muy íntimo; están comunicando, sí, pero sobre todo es una comunicación interior, del mismo autor al mismo lector. Son más instintivos, y por eso mismo, a veces lo que escriben es más rompedor, pero a veces también demasiado… instintivo.

    Luego resulta que algunos de estos últimos tienen éxito comercial y otros de los primeros no. Pues sí, ocurre. Pero no creo que haya que juzgar con dureza a este segundo tipo de autores por enviar manuscritos a conocidos o a editoriales. Todos queremos gustar, ser oídos, ser leídos, al margen de cómo se haya experimentado el proceso creativo inicial.

    Yo suelo escribir lo que a mí me gustaría leer. No sé qué indica eso.

  18. Alexia said

    Es una reflexión bastante interesante.
    Desde el punto de vista de un editor, es cierto que hay que pensar no solo en si te gusta a ti mismo, sino en si al público le puede interesar. Al fin y al cabo, el libro va a ser para ellos, y son quienes lo van a comprar y leer.
    Y yo creo que, desde el punto de vista del escritor, es más o menos lo mismo. El escritor crea una historia para compartirla con alguien (si no, como bien decís, no se la enseñaría a nadie y se mantendería en un diaro, o algo así, solo para que la leyera “uno mismo”). La diferencia radicaría en una pregunta: ¿compartirla con quién? Un editor podría juzgar que, por el contenido del libro, estaría dirigida a lectores de una determinada edad, mientras que el escritor podría pensar otra cosa diferente. ¿Y por eso el escritor sería tachado de “comercial”? ¿Por querer compartir con alguien (porque se asemeje a su edad, o a sus ideas, o a sus gustos…) una historia que ha creado desde su corazón? No, no lo creo.
    Precisamente por esa parte de verdad en “escribir para uno mismo”, donde se puede interpretar como expresar determinados sucesos basados en la experiencia, el escritor puede necesitar encontrar a alguien como él. Encontrar a alguien con quien compartir su historia. Ese sería el lector ideal en quien pensaría un escritor, ¿no? ¿Y eso es malo?

  19. ricardo gómez said

    Muy interesante todo y es imposible hacer referencia a todas las opiniones con las que estoy de acuerdo: uno escribe lo que le gustaría leer, cada cual tiene el derecho de escribir lo que quiere o siente y enviar sus manuscritos a las editoriales… Pero al hablar de “literatura para adolescentes” yo suelo ponerme en guardia.

    Hay quien piensa que los adolescentes deben leer como quien juega en una piscina clorada y de poco fondo con un balón de plástico, rodeados de cuerpos esculturales mientras oyen las risas de sus colegas (“¡Qué divertido es este libro!”). Otros pensamos que es más bien como jugar a la orilla del mar, con el riesgo de que no hacer pie, de que una ola te tumbe o una medusa te cause una erupción. Solo quienes juegan en la playa pueden de vez en cuando mirar el horizonte y soñar con hacerse a la mar de la procelosa literatura. Los primeros, eso sí, soñarán con piscinas cada vez más grandes, y cambiarán el balón por la colchoneta e incluso por la muñeca hinchable.

    Tanto en la literatura adulta como en la adolescente hay libros como piscinas y libros como playas. El asunto es no dejarse llevar por quienes piensan que los chicos no deben salir de sus charcas. Por suerte, hay magníficos editores que piensan que debe haber libros de ambos tipos. Y luego, en cuanto a ventas y demás zarandajas extraliterarias que son analizadas a posteriori por los estudiosos, como dice la canción, “que dios reparta suerte”.

  20. Carmen Alicia Castillo said

    De cada una de las reflexiones que anteceden, son muchas las ideas valiosas que se podrían rescatar. ¡La verdad es una y múltiple!
    Desde mi óptica, para tratar de dilucidar si hay o no un lector virtual o implícito, pienso que no podemos perder de vista el PROPÓSITO COMUNICATIVO con el cual se escribe. Dicho propósito lleva al escritor a tomar desiciones conscientes o inconsciente en cuanto al manejo discursivo. Hay escritos que obedecen a lo que yo -tal vez arbitrariamente- me permito llamar “urgencias personales”: la escritura que busca exorcizar esos demonios que a veces atenazan a la mujer y al hombre. Allí, el escritor intenta convertirse en su propio referente y objetivarse en el texto en una especie de sacralización de la palabra. En este viaje de sanación cumple simultaneamente el rol de emisor y receptor.Tal es el caso del proceso escritural del poemario Acrimonia de Elenita Vera. El caos existencial producto de un dignósitco de cáncer condujo a la poeta a la búsqueda de una intracomunicación para reordenar su mundo y crear un nuevo espacio vital vivible (“cosmización del caos”, según el decir de Mircea Eliade).
    Hay otros escritos donde la urgencia parte de la exigencias de momento histórico y puede llegar a rebasarlo. Si pensamos en la literatura ensayística, se hace imposible negar la presencia de una alteridad con la cual pretende dialogar el ensayista. ¿No es ello es una actualización del lector virtual, que en los grandes ensayos trasciende el presente de quien escribe? Como muestra, Auditorio de juventud de Mariano Picón Salas. Una obra escrita hacia mediados del siglo pasado y que todavía ‘le habla’ a los jóvenes con una vigencia sorprendente.
    Un tercer caso lo constituyen los textos narrativos. En ellos las variantes son mayores. En algunos, el vuelo de la imaginación -por lo menos en el momento del despegue- no está signado por la omnipresencia de un lector. Aunque a lo mejor en el tramscurrir creativo esta especie de fantasma se le pudiera cruzar en el camino al escritor.
    En cuanto a la narrativa testimonial es imposible obviar la figura de ese destinatario al cual la obra le está gitando: ¡prohibido olvidar!
    Para no abrumarlos con más enumeraciones, dejémoslo hasta aquí. Sin embargo, quiero acotar para concluir que me inclino a creer que el lector es una entelequia de la escritura.
    Gracias.

  21. celia said

    me encanta todas sus istorias un saludo

  22. celia said

    es muy lindas sus istorias un saludo

  23. Josele said

    Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿De arte o de la mierda que el marketing convierte en productividad? Este discurso es estúpido por filofascista.

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