No es lo mismo

23 septiembre 2011

Mis hijos, que como su madre, son devotos fans de Roald Dahl, se quedaron perplejos cuando oyeron el resumen que mi marido, otro devoto de este autor, me hacía de una entrada de Boing Boing. En ella se hace referencia a un artículo biográfico sobre el autor británico (en mi opinión bastante parcial, subjetiva y hasta un poco paranoica) en la que se le retrata como alguien odioso, maleducado, engreído, acosador, promiscuo, antisemita, misógino y unas cuantas lindezas más. O sea, como unos cuantos hombres más de ¿su época?

Al margen de que este tipo de valoraciones llevan implícita una visión del mundo personal y muy concreta, lo que me interesa no es si el biógrafo tiene razón, que vaya usted a saber, sino la reflexión familiar que siguió a aquellas declaraciones. ¿Cómo podía ser que uno de sus autores favoritos –expresaban las caritas de mis hijos–, que les hace reír, que les ofrece una perspectiva transgresora del mundo, que les atrapa y les enseña a ver la realidad desde otro ángulo, fuera tan “malo”?

Ante su incredulidad, tuve que explicarles algo que no todos los adultos tienen claro, tampoco los que actúan como prescriptores de lecturas: que un autor solo debe ser juzgado (en tanto escritor) por lo que escribe, no por cómo vive su vida privada, ni por la ideología que defiende, ni por sus declaraciones en contextos ajenos a lo puramente literario. Además, como, persona, es responsable de lo que hace, como cada uno de nosotros. Pero como persona, no como escritor.

Puede (no tengo datos para contrastarlo ni demasiado interés en hacerlo) que Dahl fuera lujurioso, mujeriego, machista y misógino, pero no encuentro nada de eso en sus libros (salvo haciendo una interpretación interesada, que deje de lado el humor y el contexto en que aparecen).

Vale, será cierto que, cuando se publicó Las brujas, algunos colectivos feministas se quejaron por el “contenido misógino” del libro. ¡Pero vamos a ver, compañeras! Que las brujas no son un trasunto de las mujeres en general, son brujas, malas malísimas y muy peligrosas, y quien les planta cara es otra mujer, la abuela del protagonista, honesta, fuerte, decidida, inteligente, comprometida, cariñosa… Que cada uno (o cada una) se identifique con quien considere. Pero este es otro tema.

Lo importante es diferenciar: o hablamos de literatura o hablamos de conducta personal. Todos sabemos de grandes artistas que en lo personal eran abominables, pero eso no quita grandeza a su obra, aunque seamos muy libres de despreciarlos como personas.

Ayer vi a mi hijo, una vez más, con Matilda entre las manos. Puf, menos mal. Parece que él sí lo ha entendido.

7 comentarios to “No es lo mismo”

  1. Mara Oliver said

    Completamente de acuerdo, es uno de mis escritores favoritos y yo también seguiré enamorada de su obra no de sus actos, es uno más de otros muchos autores a los que sólo pienso dejarles que se acerquen a mi hijo “por escrito”, pero que se acerquen tanto que sus historias se le metan dentro y yo le vea el brillo de la fantasía en los ojos, tan fácilmente como a Las Brujas de Dahl…
    Por otra parte, en cuanto a la conducta, aunque el siguiente texto de Paulo Coehlo es discutible, lo utilizo mucho con los chavales en clase😉 y aquí te lo dejo. Un besote!
    😀
    ¿Cuál de estos 3 líderes es mejor?:

    Candidato A: tuvo contacto con curanderos, consultaba a astrólogos con frecuencia. Tenía dos amantes. Su mujer era lesbiana. Fumaba mucho. Bebía de ocho a diez martinis por día.

    Candidato B: no conseguía mantenerse mucho en el mismo empleo debido a su arrogancia. Dormía hasta el mediodía. Fue consumidor de opio en su época de colegial, y siempre fue considerado un mal alumno. Bebía una copa de coñac todas las mañanas.

    Candidato C: fue condecorado como héroe. Era vegetariano. No fumaba. Tenía una disciplina ejemplar. Bebía una cerveza muy de vez en cuando. Permaneció con la misma mujer en sus momentos de gloria y en sus momentos de derrota.

    ¿Y cuál es la respuesta?

    A: Franklin Delano Roosevelt
    B: Winston Churchill
    C: Adolf Hitler

  2. Rusta said

    Muy buena reflexión. No había leído esa entrada sobre Roald Dahl (al que también admiro muchísimo, perdí la cuenta de las veces que cogí “Las brujas” de la biblioteca del colegio), pero mucho de lo que se comenta es aplicable a la actualidad y me lo he encontrado más de una vez en los comentarios que me dejan en las reseñas: “no leo nada de esta autora porque no me cae bien”, “boicot a los libros de este por tener X ideología”, “¡qué va a escribir este famosillo (cuando un rostro famoso se adentra en la literatura)!”, etc. Yo creo que, cuando se lee, hay que valorar solo eso, el contenido de la obra. La vida personal de autor y sus ideas deben quedar al margen, por mucha rabia que dé escuchar a algunos de ellos en debates y entrevistas.

    Ah, a mí me habían explicado el texto que ha puesto Marta a modo de chiste. Viene muy bien para acompañar la entrada🙂.

    Besos.

  3. Ikima said

    Yo voy a decir algo “terrible”, pero todavía no he leído a Roald Dahl y tengo pendiente hacerlo. Sin embargo, estoy completamente de acuerdo con la reflexión de esta entrada: muchos autores no son las personas que se puede esperar a través de su obra. A veces me parece increíble que una obra maestra pueda aflorar de una mente mezquina. Sin embargo, supongo que sorprendernos por esto es como sorprendernos por que una persona bondadosa no sea capaz de crear obras maestras; es decir, no tiene nada que ver. ¡Ojalá pudiese crear una obra maravillosa sólo con tener buen corazón! Pero… ¿pueden la bondad o la maldad, acaso, generar arte por sí mismas? La única forma en la que un lector debe aproximarse a un escritor es a través de sus palabras escritas y no creo que sea necesario ir más allá. Todo lo no literario forma parte de la intimidad del escritor, aunque resulte un ser odioso.

  4. PSG said

    Road Dahl no está entre mis favoritos. Pero la conducta del autor y su obra son cosas diferentes. Si mañana me dicen que Cajal era carlista no voy a dejar de considerarle por ello un investigador de mérito.

  5. […] permito volver al artículo biográfico sobre Dahl que comentaba en la entrada anterior. El autor de ese artículo “denuncia” como si fuera algo denigrante lo que, para mí, […]

  6. Ana said

    Elsa, casualmente ayer terminé de leer “Relatos de lo inesperado”. Y a pesar de que estoy de acuerdo en lo que dices, sí que he encontrado algún cuento que me ha chirriado especialmente. En concreto “La señora Bixby y el abrigo del coronel”. En concreto, la introducción del cuento, en la que se habla de los divorcios de una forma un tanto sesgada.
    Pero ojo, hay que entender los libros en su contexto y en su época. Nadie dudaría que el Quijote es machista como nadie afirmaría que Mein Kampf es un libro que habla de tolerancia. Libros, autores y contextos… un tema interesante…

  7. Laura said

    Al libro hay que juzgarlo en tanto tal y lo que dice, cierto. A veces ayuda saber cómo era y qué dijo en otros contextos su autor, pero solo como referencia. Sin embargo, sí he encontrado autores cuyas vidas se reflejan en los libros, lo mismo que sus ideologías, no siempre muy apetecibles. Quizá entenderlos a ellos ayude también a entender que esas obras vieran la luz. De todo eso se puede discutir con los niños, en la forja de su espíritu crítico y por supuesto, acorde a su edad.

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