Juntar el hambre con las ganas de comer

29 octubre 2011

En este mes de octubre que termina ha habido un auténtico derroche de artículos sobre el futuro del libro, animado por la celebración de LIBER y de la feria del libro de Frankfurt, por la llegada de Amazon a España, por  los movimientos de Planeta y de Casa del Libro y por la presencia en prensa de algunas iniciativas como 24symbols.

En todas las reflexiones está presente, de forma explícita o implícita, la incertidumbre que en estos momentos rodea al mundo editorial, debido a la conciencia general de que estamos ante cambios inminentes.

Sin embargo, a menudo tengo la sensación (y es algo muy subjetivo) de que no lo estamos haciendo bien. Para empezar, porque parece como si nos empeñáramos en disipar esa incertidumbre con las mismas herramientas que en tiempos de certidumbre. ¿De verdad nos creemos que un estudio de mercado puede hoy en día predecir el comportamiento de los lectores? ¿Que la extrapolación de las cifras de uso de lo digital hoy en día nos puede ayudar a establecer las cifras del futuro cercano? ¿Puede el miedo a que el libro digital canibalice la venta de libros en papel guiar nuestros pasos después de ver lo qué ha hecho el iPhone con el iPod –y no olvidemos que son productos de la misma empresa-? ¿De verdad alguien defendería con convencimiento que una propuesta de innovación se puede analizar desde criterios de rentabilidad?

Para quitar elementos de la ecuación y hacerla más sencilla, quizá, en estos tiempos de incertidumbre, deberíamos atender solo a un par de cosas:

1. Centrarnos en la misión, cada cual en la que quiera que sea la suya (para mí, formar personas a través de una literatura de calidad atractiva para los lectores). Cuando uno no sabe qué hacer, conviene volver los ojos a la identidad y al propósito que nos mueve como industria. Si sabes quién eres, qué has venido a hacer a este campo de juego y qué cambio social quieres impulsar, es mucho más fácil enfocar tu actividad a pesar de los cambios ambientales, tecnológicos y sociales que se produzcan. Por otro lado, si eres fiel a tu misión, la rentabilidad vendrá, claro que vendrá. Y quizá no como consecuencia buscada de tu actividad, sino más bien como herramienta necesaria para la sostenibilidad de esa actividad. Algo que a mí, al menos, me parece maravilloso.

2. Aprender, pero sin miedo, como aprenden los niños: explorando, llevándonos a la boca, probando y volviendo a probar en función de la experiencia. No es momento de evaluar el potencial económico versus el riesgo, sino el potencial de aprendizaje versus el riesgo. Por supuesto que es necesario dosificar el riesgo, pero también hay que jugarse algo como industria, más que nada para que lo nuevo no quede en  manos de otros actores que saben menos de contenidos, menos de lectores, menos de literatura… y sí más de aprovechar el río revuelto.

Vivimos un momento privilegiado, de cambio, en el que se pueden redefinir muchas normas de este negocio. Y somos muchos los autores, los ilustradores, los editores, los diseñadores… que queremos tomar parte de esta revolución y contribuir a la definición de ese nuevo campo de juego.

Pues eso, el hambre y las ganas de comer.

5 comentarios to “Juntar el hambre con las ganas de comer”

  1. Rusta said

    Está muy bien que como editora hagas un poco de autocrítica. Y me encanta tu misión, se corresponde totalmente a lo que creo que las editoriales deben ofrecer.

    Besos.

  2. Noni said

    Está claro que al ser humano el futuro, y sobre todo la incertidumbre que lleva consigo, le da miedo. Pero es curioso que a pesar de ello, o quizá por esto mismo, cada vez se anticipa más a lo que pueda suceder, y de ese modo nos tratan de vender los turrones en octubre, por poner un ejemplo de lo más cercano.
    Y, efectivamente, no lo están, estais, haciendo bien, aunque tu reflexión me hace suponer que no eres de las que caen en la tentación de seguir al resto al abismo, y si que eres consciente de que vivimos un momento privilegiado para poder cambiar, eso que le da tanto pánico al ser humano, para esperar lo mejor, dentro de un sano optimismo, para aprender, sobre todo para aprender como no se deben hacer las cosas y como si se deberían hacer.
    Se nota que disfrutas con tu trabajo, y eso quita presión a la hora de buscar rentabilidad, supongo, porque ya no es una prioridad, si no como tu dices una consecuencia.
    Me alegra haber descubierto tu blog, lo sigo desde hace unos meses, porque tus comentarios me hacen tener aún esperanza en un mundo editorial alejado de “la pela” y más cercano a los sueños, individuales y colectivos de tanto escritor frustrado…. como servidora.
    Un saludo cordial

  3. ELISA Bonilla said

    Gracias, Elsa. Coincido plenamente. Un abrazo.

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