Huellas

25 noviembre 2011

Después de muchos días sumergidos en la selección de los originales presentados a los premios El Barco de Vapor y Gran Angular, respirando y bebiendo historias, temas, personajes que compiten por un hueco en el recuerdo, tramas y construcciones y estilos de escritura muy diversos, después de esa inmersión, llega el momento de sacar la cabeza para mirar alrededor (me encanta la sorpresa confusa de quien es interrumpido en una lectura apasionante y se encuentra de pronto en un lugar diferente al que habitaba hasta hacía pocos segundos) y observar cómo se va depositando lo leído.

Sin duda, es una época dura. Dura para los profesionales que debemos seleccionar de entre esos manuscritos, pero sobre todo, dura para los propios manuscritos. Cuando un lector lee hasta dos y tres manuscritos en un día (aunque hay algunos que se llevan varios días ellos solos), el manuscrito tiene que demostrar mucha fortaleza. Tiene que demostrar que puede defenderse él solo en un medio hostil: montones de personajes compitiendo por la atención del lector, construcciones sorprendentes, estilos brillantes junto a otros más funcionales… Tiene que defenderse incluso de la injusticia que supone ser juzgado a continuación de la lectura de un libro brillante o después de un desierto de seis u ocho manuscritos completamente desechables. Probablemente nunca se vea en una situación tan difícil como esta.

Por eso hay pocas cosas de este trabajo que me gusten más que los días posteriores a esa vorágine. Esos días en que dejas la mente en barbecho y te conviertes en mero observador del proceso de decantado de esas historias en tu interior. Es entonces cuando empiezas a darte cuenta de que has olvidado determinado personaje o argumento que te pareció brillante y que otro que antes casi pasó desapercibido ahora reclama vigorosamente tu atención. Ese momento en que vuelven a ti determinadas construcciones, detalles, coincidencias, y te das cuenta de que, ahora sí, tienes la distancia suficiente como para valorarlas.

Es ahí cuando se hace evidente que hay dos o tres manuscritos que de verdad te han impactado, un puñado de personajes que ya forman parte de tu vida, experiencias de lectura que te acompañarán por mucho tiempo. Novelas de esas que arañan y hacen de bálsamo, según el momento. Novelas, en fin, que dejan huella.

Y entonces, en ese momento, te das cuenta de que has tenido un premio El Barco de Vapor o Gran Angular entre las manos.

11 comentarios to “Huellas”

  1. Mistery Man said

    Los autores deben estar de los nervios (y seguro que casi todos ven sus novelas reflejadas en esta descripción). Mucha suerte a todos. ¿Cuándo se contacta con los ganadores para darles la buena noticia? Los finalistas ¿lo saben ahora o en marzo?

  2. Ana said

    Pues ya podías dar alguna pista de los que te gustaron: un tema, un personaje, que sé yo… Estamos más que de los nervios😛

  3. Rusta said

    Formar parte del jurado de un premio debe de ser una experiencia muy gratificante. A pesar de todo el trabajo que supone, si al final sirve para dar con uno o varios manuscritos de los que dejan huella, ese esfuerzo ha merecido la pena. Me ha gustado que recalcaras que resulta conveniente dejar pasar unos días, “digerir” una historia, porque no siempre lo que nos entusiasma de inmediato es lo que se vuelve inolvidable después.

    Besos.

  4. ikima said

    Mistery Man, en mi caso no veo reflejada mi novela en esa descripción, sino en los “seis u ocho manuscritos completamente desechables”.

    Elsa, esta entrada me parece preciosa, a mí me ha emocionado🙂 Me he sentido identificada con lo que comentas de que, al pasar los días, una obra que en principio te había gustado menos que otra o que te había parecido menos brillante sale a flote y te araña un poquito la conciencia o el corazón, no sé cuál de los dos, o ambos, quizá. A mí me sucede a menudo que me doy cuenta de cuánto me ha llegado una obra por la cantidad de veces que pienso en ella después de haberla leído: los paralelismos con la vida cotidiana, las reflexiones, las situaciones turbadoras… Y que esto pueda suceder con una obra que es, aparentemente, menos brillante que otras, es la auténtica magia de la literatura. ¡Qué afortunada eres que puedes vivir rodeada de este hechizo todo el tiempo!

  5. Mara Oliver (moontan) said

    Llevo días pensado que decirte… Me encantó la entrada y me llena de esperanza, aunque este año no lo he intentado ni con BdV ni con el GA pero por fin he terminado una novela “completamente” y al hacerlo me he dado cuenta de que todo lo que enviaba antes, llena de ilusión y satisfacción, eran borradores… seguramente no pasaban ni la primera criba, pero yo los creía tan fuertes, tan importantes… Es probable que piense lo mismo de éste último sueño dentro de unos meses, pero voy a seguir trabajando para que las huellas que me han dejado sus personajes puedan alcanzar a alguien como tú algún día y esas huellas “se impriman”😉

    En cuanto a la sobrecarga que debes sentir estos días, me recuerda a cuando tengo que corregir cientos de exámenes y me caen esos de alumnos que se dejan la piel pero aún así no llegan y me duele pero los tengo que suspender, menos mal que siempre hay alguno brillante o alguno que se está superando, para sacarme una sonrisa.
    Evaluar no es nada fácil, “pero alguien tiene que hacerlo”.

    Un abrazo.

  6. Bueno, después de mucho leerte sin llegar nunca a participar, aquí va mi primer comentario.
    Me ha encantado esta entrada, y tu mención del desconcierto que experimenta un lector al verse inesperadamente interrumpido y descubrirse a sí mismo en un mundo distinto (el sofá de su salón en lugar del bosque por el que corría huyendo de sus perseguidores…).
    Como bien dices, tiene que ser mágico ese momento de tomar decisiones tan importantes, con tantos manuscritos entre los que elegir. La mayoría se quedarán a las puertas y solamente uno (o unos pocos) llegarán a las estanterías de las librerías y a las manos de los lectores.

  7. Mara Oliver said

    “Tal vez los ojos de una novela permiten que un cerebro toque delicadamente a otro cerebro”, ¿tienes un minuto y medio Elsa? Si no lo conoces, créeme, te van a encantar los fugaces imaginantes…
    He visto este hoy y me he acordado de tus huellas.
    “Roger Zelasny, El maestro del sueño”

    Te dejo también el de Cortázar y el de los Beatles, por si tienes 3 minutos más😉. Un abrazo🙂
    “La brújula del azar”

    “Una canción cósmica”

  8. […] pero también de sus dudas y vacilaciones. Por ejemplo, el arduo, pero remunerador proceso de selección de originales para un premio, o el papel del editor, y el trabajo en confianza mutua con el autor. También […]

  9. Elena Rius said

    Acabo de descubrir tu blog gracias al de J.A. Millán Libros y bitios. Sé que voy a convertirme en fiel seguidora, porque yo también soy editora y me veo reflejada en muchas de tus entradas. En esta concretamente, me ha gustado mucho ese reflexión tan cierta acerca de cómo se decantan los manuscritos, cómo después del proceso de selección, casi mágicamente, vamos viendo claro en la maraña de argumentos y personajes que se han quedado vagando por nuestra mente. Un proceso muy curioso.

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