Rompiendo el ojo de la cerradura

3 diciembre 2011

Leo en el Diario de literatura juvenil eltiramilla un interesantísimo artículo sobre la situación actual de la literatura juvenil y lo primero que se me viene a la cabeza es ¡qué bien que Internet haga posible esto! Qué bien que gracias a personas comprometidas y con ganas, la crítica de LIJ tenga su lugar, una vez que ha sido abandonada por la mayoría de los medios generalistas. Por eso, enhorabuena a todos los que estáis ahí como lectores y como críticos.

El debate plantea algunas cuestiones muy interesantes con las que, en general, estoy de acuerdo. Me gustaría solo aportar una mirada que no está recogida en el artículo, aunque sí muy mencionada: la del editor, claro. ¿Las editoriales se hinchan a publicar los temas que están de moda? ¿Busca el editor modas que explotar más que publicar libros de calidad? ¿Cada vez hay menos variedad y se arriesga menos? ¿Son las editoriales menos exigentes que antes?

No tengo las respuestas, pero os invito a poneros en la piel de un editor por un rato. Un editor, vamos a suponer, que está en esto de buena fe y por vocación, que cree en lo que hace y en las consecuencias positivas de su labor en la sociedad. Un editor, claro, que quiere que su actividad sea sostenible para poder seguir publicando libros juveniles el año que viene, y el siguiente y el siguiente… ¿Cómo sabe ese editor si lo está haciendo bien? ¿Cómo sabe si los libros que selecciona son los adecuados (signifique eso lo que signifique), los mejores posibles, en definitiva, los que tendría que publicar?

Se me ocurren tres fuentes de información, una interna y dos externas.

La interna tiene que ver con la propia conciencia del editor, la que le dice si eso que ha decidido publicar encaja con su vocación, con su misión y con la de la empresa para la que trabaja, si rema a favor de lo que quiere conseguir o no. Ahí el editor está a solas con su honestidad personal, pero también a solas con su inevitable subjetividad.

Los factores externos tienen que ver con el feedback que el editor recibe del mundo exterior. Ese feedback es sencillo de resumir: lo que los lectores hacen y lo que los lectores dicen. Para saber lo que los lectores hacen, el editor solo puede mirar a través del ojo de la cerradura: puede saber qué libros compran, cuántos y dónde (mediante herramientas tipo Nielsen Bookscan o consultando las listas de Más vendidos que se publican en algunos medios), pero no puede saber qué hacen los compradores con ellos: si los leen, si los disfrutan, si les satisfacen, si les alcanzan, si hablan de ellos o si, sencillamente, los dejan en la estantería… Es lo malo de mirar por ojos de cerradura: solo se ve una parte de la escena y no siempre es la más interesante. Una opción (hay otras) es suponer que los libros que se venden mucho, se leen mucho. O si se prefiere, que los libros que se leen mucho, se venden mucho. De este modo, efectivamente, se puede entrar en un círculo (que podría llegar a ser vicioso, sí, pero también virtuoso desde cierto punto de vista) en el que se publica lo que se vende/lee y se vende/lee lo que se publica.

En cuanto a lo que los lectores dicen, esa es una de las enormes ventajas que ha traído Internet: una vez que periódicos y revistas dicen nada o casi nada sobre el tema, por fin existe la posibilidad de una comunicación directa entre editores, escritores y lectores (más allá de las firmas en ferias y presentaciones). Sigue siendo mirar por el ojo de la cerradura, porque ni todos opinan ni se opina sobre todos los libros, pero al menos este ojo es un poco más grande así que lo que muestra probablemente sea más interesante.

Hacemos una prueba con un libro publicado hace poco, un libro diferente al que, sin duda, no se podría clasificar como “de moda”. Se llama El chico que alcanzó la felicidad. Lo introducimos en Google y, tras un vistazo vemos que todo son reseñas que copian el texto de contracubierta excepto una, una crítica, en la página del traductor, Gonzalo Fernández (gracias, Gonzalo, me ha encantado). Quizá es muy nuevo, así que podemos intentarlo con otro libro que tampoco es “de moda” y que ya tiene unos años, El combate de invierno. Encontramos una crítica y algún comentario breve.

¿Cómo podrá entonces el editor saber si estos libros han llegado a sus lectores, si les ha movido como le movieron a él?

Imaginemos ahora que un editor publica un libro por convicción. No sigue las modas, es original, personal y transformador, así que, desde el punto de vista interno el editor está muy satisfecho. Espera impaciente algún comentario, alguna crítica que parece no llegar. Por fin acude a Nielsen y en la columna de ventas ve una cantidad que da pena. ¿Cómo defiende esa decisión de publicación? ¿Para qué ha servido todo el coste y el esfuerzo de publicación de ese libro? Y sobre todo, ¿cómo podría continuar publicando en esa misma línea? ¿Cuántos libros duraría?

Por eso, hago un llamamiento a todos los que tenéis voz en la red: comentad los libros que leéis, lo que os gusta y lo que no, las razones y las sinrazones. Comentad cuanto más mejor, porque esa es la garantía de que haya más de lo que os gusta y menos de lo que no. Pero sobre todo porque esa es una manera muy eficaz de participar en el rumbo que tome nuestra literatura juvenil.

Y ante todo, gracias a todos los que ya lo hacéis.

NOTA. En buena ley, esta entrada debería haber sido un comentario en el artículo original. No lo es debido a su extensión. Por eso pido a los que quieran aportar algún comentario que lo hagan en la página donde se originó el tema: AQUÍ.

9 comentarios to “Rompiendo el ojo de la cerradura”

  1. Noni said

    Completamente de acuerdo en todo lo que dices, pero…¿no puede ser que en el fondo, y salvando las distancias entre uno y otro lector, que las hay porque cada persona es un munco, la gente lea lo que le dicen debe leer?. Y me refiero concretamente a esta moda, ya larga, de vampiros, brujas y magos.
    Pero bueno, es algo que también sucede en la “otra” literatura, no hay más que echar un vistazo, y sobre todo el año pasado la “moda” templaria que nos invadió.
    ¿Quién dicta las modas?. El mercado, supongo, y la gente que consume, y el mundo editorial no deja de ser un mercado más, lo queramos o no. Sólo que es de agradecer por parte de los lectores, que los editores, de vez en cuando, entre lo que se debe editar para seguir teniendo hueco, se editen otras historias que, seguramente, no tendrían su razón de existir para la gran mayoría de público.
    Un placer, como siempre, leer tu blog. Un saludo.

  2. Gonzalo. said

    Tiene razón Elsa, una vez más (qué necesario este blog, y qué ignorantes de esa necesidad estaríamos si no existiera): el vacío que nos llevó a algunos escritores, ilustradores, críticos y editores (muchos, en realidad) a impulsar aquel “Manifiesto contra la invisibilidad de la LIJ” de los 90, ha quedado roto por el empuje de internet. En otras palabras, ya no tenemos excusas: si no se nos lee, es porque lo que escribimos no interesa. Modas, siempre han existido, y salvo trágicas excepciones, la buena literatura se ha abierto camino, siempre. Y casi siempre en minoría con respecto a la corriente de moda, pero con suficiencia y capacidad de supervivencia. No le podemos pedir al editor que innove, que arriesgue, si nosotros no lo hacemos antes. Y sí, es más importante que nunca que quienes encuentran en los rincones de los catálogos literatura sincera, arriesgada y valiosa, opinen, dejen sus recomendaciones en los muchos blogs que, como el Tiramilla (podría citar un buen racimo de ellos, aunque este es de los mejores, como demuestra su artículo/mesa redonda), ofrecen su espacio a quien lo quiera usar. No blogs de fans, ni de “autofans”, sino blogs bien trabajados, objetivos, frescos y generosos. Usémoslos.

  3. Begoña said

    Elsa, yo suelo comentar, a mi manera, los libros que me han gustado desde mi blog, pero sinceramente, si dedicase una entrada a todos los libros que me traje a casa desde la biblioteca, y que devolví sin leer. Y nombrase títulos y autores con sinceridad…
    Sería tan horrible como si me dedicase a exponer en mi blog los platos que considero indispensables para la vida: Yo diría la tarta de chocolate es imprescindible en cualquier nevera, pero en serio que con las acelgas no sé que hacer. Algo así.
    Apunto un libro de lij que me encantó, El aprendiz de espectro, de Joseph Delany. Eso no tengo reparo en hacerlo, aunque confieso que leo poca lij.
    Saludos

  4. En mi modesta opinión, se edita mucho y se lee poco. Mientras no haya rankings de “lectura” en lugar de “ventas”, el sector editorial seguirá arrastrado por las modas e inundando espacios vitales en las librerías que podrían destinarse a obras más arriesgadas, para una minoría que lee y no compra por comprar.
    Un saludo🙂

  5. Laura said

    Dudo mucho que sea lea menos de lo que se edita. Y dudo mucho que la mayoría de los compran los libros “de moda” no los lean. La verdad es que la mayoría los lee, aunque sea para tener algo qué comentar con su grupo social. Hoy en día, más que nunca, leer es un acto social y comentar un libro se ha convertido en una tarea muy similar a comentar una película o una banda musical: te quedas lelo si no lo has leído.
    También dudo mucho que todos los libros de “moda” no sean buena literatura y dudo mucho que la buena literatura no tenga títulos muy vendidos. Ese cliché de que lo que se vende mucho es malo y lo que se vende poco es bueno es solo eso, un cliché. La verdad es que muchos libros realmente buenos han llegado a calar hondo en generaciones de lectores y la única manera de que lo hayan logrado es porque se vendieron bien. ¿Ejemplos clásicos? Puedo pensar en los clásicos infantiles/juveniles norteamericanos como El Mago de Oz o Mujercitas, que fueron éxitos de ventas y siguen siéndolo.
    Curiosamente, la llegada de los lectores electrónicos ha incrementado los niveles de lectura: ahora hay gente que no solía leer ni un libro al año y que está leyendo uno al mes, solo porque lo tiene en su Kindle o en su Nook. Y están encantados con la experiencia. Ahora hay escritores jóvenes escribiendo libros en sus celulares y editoriales que lanzan libros que han sido descargados previamente por miles de lectores. Y se siguen vendiendo bien.
    En este panorama, entiendo entonces la petición de Elsa. Es lógico que la cantidad de información proveniente de librerías, listas de ventas es abrumadora, a veces puede ser contradictoria. Entonces, si los lectores se animan a ser más comunicativos, pueden impulsar ciertas decisiones editoriales y quizá cambiar el rumbo de otras, para conveniencia de todos (y no solo desde el punto de vista comercial).

  6. Lo que me pasó esta mañana. Salgo a la calle con mi copia de Ada o el Ardor (por Anagrama). En el tranvía me acuerdo de esta entrada en el blog, y paso la vista por la contraportada (en libros que sí o sí quiero leer nunca las leo, para no enterarme de nada). En menos de dos milisegundos, leo una frase que me revela una sorpresa, probablemente el único giro argumental de todo el libro, que yo no había ni sospechado a pesar de ir por la página 250. ¡Cómo puede ser! ¡Estoy contento de haber hablado mal de las contraportadas de Anagrama!

  7. […] Hago un llamamiento a todos los que tenéis voz en la red: comentad los libros que leéis, lo que os gusta y lo que no, las razones y las sinrazones. Comentad cuanto más mejor, porque esa es la garantía de que haya más de lo que os gusta y menos de lo que no. Pero sobre todo porque esa es una manera muy eficaz de participar en el rumbo que tome nuestra literatura juvenil. Elsa Aguiar, Editar en voz alta […]

  8. Rusta said

    Uy, creía que ya había comentado aquí. Bueno, en primer lugar, como una de las redactoras que participó en el debate de El Tiramilla, te doy las gracias por leernos y dedicarnos este comentario. Yo estoy encantada de dar mi opinión, positiva o negativa, tanto allí como en mi blog, y me alegra saber que los profesionales del mundillo lo valoráis. Lo malo es que a veces esta libertad de expresión está limitada por las relaciones con las editoriales o los autores (algo que no debería ser así, ¡que lo hacemos por amor al arte!) y las críticas negativas no se publican por miedo.

    Con respecto al tema, desde mi posición de desconocimiento de lo que se cuece dentro de una editorial, creo que la publicidad juega un gran papel. Lo veo a diario en mi blog: ¿cuáles son las reseñas más comentadas y visitadas? Las de los libros más famosos. Ya me puedo ilusionar al hablar de una joyita desconocida, que sé que solo se leerá el día de su publicación. En parte lo entiendo: es imposible leer todas las reseñas, así que es normal que las que despierten más interés sean las de aquellos libros que tenemos más vistos (sin ir más lejos, “El chico que encontró la felicidad” no me sonaba de nada -y con ese título lo habría asociado a una novela de autoayuda-, pero estoy harta de oír hablar de “Delirium”, “Divergente” y demás).

    Por eso pienso que, además de publicar con convicción, hay que hacer que los lectores potenciales conozcan la existencia de ese libro (y entiendo que puede ser difícil apostar económicamente por una campaña para una obra que no se sabe cómo funcionará). De todos modos, en los libros infantiles y juveniles también hay otro dato de si funcionan o no: las lecturas en los colegios.

    También es muy interesante lo que comentan por aquí, que se edita mucho y se lee poco. Lo primero hace tiempo que lo pienso, soy partidaria de que se publique menos, pero de mayor calidad (para mi gusto, la política de la editorial Salamandra es perfecta). Lo segundo es difícil de medir, aunque supongo que también ocurre. Recuerdo haber leído alguna opinión que lo comentaba en relación con la última novela de Vargas Llosa, en el sentido de que se ha vendido por el Nobel, pero es aburrida y seguro que muchos lectores la abondonarán.

    En fin, una reflexión muy interesante, como siempre.

    Besos.

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