La insoportable injusticia de que premien a otro

3 febrero 2013

Ocurre una y otra vez: un escritor de literatura infantil o juvenil conocido gana un premio y los blogs se llenan de comentarios acerca de la presunta injusticia de que el premio sea para un autor “profesional”. Pero como hace tiempo ya expuse mi opinión al respecto, me limito a recordar que el año pasado ganaron los premios El Barco de Vapor  y Gran Angular dos autores no tan conocidos: Catalina González Villar y Jesús Díez de Palma. Y lo mismo ocurrió con otros premios importantes. Por no recordar que, aunque ya canse un poco decirlo, la plica es real: cuando el jurado elige el manuscrito ganador, no sabe quién lo ha escrito. Tanto si la gente se lo cree, como si no.

Si alguien tiene tiempo y ganas de hacer un repaso a los ganadores de los premios de LIJ más relevantes de nuestro país en todas sus convocatorias, comprobará fácilmente que hay muchos premiados que, en el momento en que recibieron el premio, no eran conocidos. La buena noticia es que hoy, cuando han pasado unos años, varios de los nombres que nadie conocía se han convertido en referentes. Y los premios que recibieron contribuyeron a ello. Por suerte, porque esa es una de sus funciones más importantes.

A ver, que tampoco pasa nada. No es difícil entender la frustración de quien ha dedicado mucho tiempo y muchas ilusiones a escribir su novela y se encuentra con que otro manuscrito se lleva el premio. Y si encima es de alguien que publica habitualmente y vende y es leído y ha ganado ya muchos premios, pues eso, que es normal que desespere un poco y hasta que patalee otro poco.

Pero quizá el error es de partida: los premios de los que estamos hablando son de un nivel muy alto. Esto no quiere decir que sean solo para profesionales, pero está claro que ellos juegan con ventaja. Pero desanimarse por ello es como si recién graduado en la Escuela de Arte Dramático te decepcionaras porque esa llamada de teléfono no es de Almodóvar.

Hay premios para autores menores de 18 años, como el que convoca la propia Fundación Jordi Sierra i Fabra y publica SM y hay concursos para autores noveles, como el que convoca la propia Asociación de Escritores noveles o el de la Diputación de Jaén. Y hay premios, como estos que nos ocupan, abiertos a todos los escritores, y ellos, los escritores profesionales, también tienen derecho a presentarse. Y no solo derecho, sino, casi, diría yo, obligación.

En cualquier caso, mucha calma. Que no ganar un premio (como que no te toque la lotería) es lo más habitual. Que eso les ha pasado (y les seguirá pasando) a todos los que hoy están ganando esos premios. Que probablemente no hay ni un solo escritor, conocido o no, que no haya sufrido más de un rechazo (y de dos y de tres, seguramente), ya sea en un concurso, ya enviando directamente su novela a una editorial. Que por esa situación han pasado todos los grandes nombres de la literatura.

Para relativizar un poco y pasar un rato muy entretenido, una recomendación: Éxito, de Iñigo García Ureta (Trama editorial 2011). Un libro sobre el rechazo editorial que, además de recoger de forma desdramatizadora algunos de los rechazos más sonados de la historia de la literatura, incluye pequeñas encuestas a agentes y editores sobre diferentes aspectos del tema. Opiniones muy bien fundamentadas, mucha experiencia y un montón de información sensata para rumiar el rechazo o, como en el caso que nos ocupa, que otro se lleve el premio. Y tras el paréntesis, a por el siguiente🙂

21 comentarios to “La insoportable injusticia de que premien a otro”

  1. Rusta said

    Sin duda, los premios El Barco de Vapor y Gran Angular no pueden recibir acusaciones de premiar a autores famosos. Creo que el problema es que la mala fama de algunos galardones (a menudo los que entregan más dinero) repercute en el conjunto de premios y al final muchos lectores desconfían. De LIJ conozco menos cómo funciona el tema, pero el Premio Planeta es el ejemplo perfecto de galardón sospechoso. También he leído muchos comentarios devastadores sobre el RBA de Novela Negra. Y cuando año tras año el ganador es un autor que ya publicaba en la editorial que convoca el premio, se puede sospechar.

    Estoy de acuerdo en que los grandes escritores tienen más experiencia y es normal que triunfen en los premios más importantes, pero aun así también entiendo la desconfianza. De todas formas, yo recomendaría a los autores noveles que se informen bien sobre cada premio, que busquen la lista de premiados anteriores y vean si alguna vez han premiado a autores desconocidos o si siempre son para los grandes; creo que es una buena forma de hacerse una idea de la seriedad del premio.

    Por cierto, me alegro de volver a ver el blog activo🙂.

  2. Gonzalo Moure said

    Cuando se escribe con el corazón se escribe hacia dentro, hacia uno mismo, buscando más preguntas que respuestas. La literatura es eso, al fin y al cabo, la reorganización de los elementos reales, formulados en forma de pregunta: ¿qué es posible? Y cuando se acaba el libro se piensa en su destino. No creo que se deba escribir con ningún fin, y uno de los peores es escribir un libro para presentarlo a un premio. Al fin y al cabo, el premio no es sino una de las posibles salidas del libro. Lo acabas, y solo entonces decides. Y si te presentas, asumes que compites. Y si ganas tienes derecho a preguntarte si tu libro ha sido elegido por ser el mejor o por ser el menos malo. O tal vez menos valiente que otro texto mucho más arriesgado que el tuyo. Y entonces… ¿qué? En cualquier caso, tu libro no es mejor ni peor que si no hubiera sido premiado. Personalmente pienso que no hay nada más humilde que un escritor premiado, publicado y consolidado, presentándose a un premio al que concurren autores nuevos, sin nada o con muy poco publicado. No hay nada más humilde porque, como dice Elsa, la mayor parte de las veces no se gana. Los que ya tenemos trayectoria y premios recordamos con más placer el primer premio, en el que éramos ese desconocido. Pero aceptamos no ganar mientras se premia al que ahora es el desconocido. Por suerte, los premios de LIJ de nuestro país, son completamente honrados (lo sé porque he sido jurado en varias ocasiones), y nadie presiona en favor de uno u otro libro. Y esa es la mejor prueba del 9 para un libro: competir en condiciones de igualdad. Es verdad que otros premios “adultos” desprestigian el sistema, pero ya que en ese sentido al menos la LIJ es honorable, usemos el protocolo de los premios para que poco a poco, limpiamente, los nuevos nos vayan sustituyendo a los viejos, como siempre fue, y como siempre será.

  3. Ya el título de la entrada indica la dirección de la entrada del blog. Yo tengo ideas encontradas con respecto a esta cuestión. Creo que no se debe “obligar” o “vetar” a nadie para que participe, sea autor consagrado o no, pero también comprendo la frustración de quien no gana o no publica. Estamos en momentos difíciles en todos los sentidos (cambios profundos en la producción, crisis personal y social) y algunos ven en lso premios una oportunidad. Recomiendo lo que dice Jordi Serra i Fabra sobre los premios literarios en su libro La página escrita. Al final es una especie de lotería y creo que nadie debe poner todas sus esperanzas en un concurso. Es muy subjetivo. Quizás, a veces, se echa en falta una pequeña clasificación, aunque puede provocar más depresión todavía.
    Me apunto también a la idea de Gonzalo Moure. Sufrirá más un autor “profesional” cuando no recibe un premio. Claro, que su novela no se quedará en un cajón.
    Gracias por continuar con el blog.

    • elsaaguiar said

      ¿De verdad alguien se siente capaz de clasificar los libros de una estantería de mejor a peor? Hay manuscritos que desarrollan una buena idea, otros que lo hacen con una prosa deliciosa, algunos que tienen personajes inolvidables, unos pocos que ofrecen una mirada diferente… ¿Con qué criterio clasificarlos? Y sobre todo ¿de qué serviría? Yo, como mucho, me siento capaz de decir los que creo que pueden contribuir a hacer lector a un niño o un joven, los que podrían leer con gusto y los que no. Y sin olvidar que puedo equivocarme y que otra persona, en otra situación, seguramente elegiría otros.

  4. PabloC said

    Muy buen artículo. Tomo nota de la recomendación literaria del día, de paso😉

  5. Laura said

    Elsa, querida, ¡qué bueno volver a leerte! Y aporto mi granito de arena: la selección de finalistas depende, generalmente, de un prejurado (con gustos propios, lecturas previas, inclinación por ciertos temas o géneros); la elección final la realiza un jurado, en muchos casos rotativo, que tiene -también- sus propias ideas de lo que es bueno. Entonces, en muchos casos, la constitución de un jurado (honesto) también determina qué candidatas tendrán más posibilidades.
    Entiendo que perder no es fácil. Pero el que juega, se arriesga, ¿no?

  6. Gonzalo Moure said

    Julio César, te diré que al menos en mi caso sí que se puede quedar un libro en un cajón tras concursar con él. Seguramente sería otra cosa si me copiara a mí mismo, si fuera por el mismo camino trillado (al menos por mí) con el que ya había tenido un premio, o un éxito. Pero precisamente creo que cuando más justificado está concursar es cuando has escrito algo radicalmente distinto, una exploración de un camino distinto. Y en los dos últimos premios a los que me he presentado no he recibido la propuesta de su publicación, ni siquiera preguntándolo. Me reitero, pero creo que es necesario: concursar cuando se tiene una obra consolidada es un acto de humildad, incluso corriendo el riesgo de ganar y de creerte en posesión de algo.

    • Rusta said

      Y también es un acto de humildad reconocer que algunas de las novelas que presentaste se quedaron en el cajón. Muchas gracias por contarnos tu experiencia, me ha gustado conocer el punto de vista de un escritor🙂.

      • No me gusta alagar, y emnos en público, pero lo que tú has reconocido, lo hace poca gente, lo cual te honra. Aunque, sobre todo, llama la atención tu búsqueda personal. Eso sí me encanta en un escritor. Abrir nuevas fronteras a costa de perder “el tiempo” con novelas que no verán la luz. Enhorabuena.

  7. Ganar o no ganar un premio tiene la importancia que uno le dé, ni más ni menos. Seguí tu sugerencia, hice clic en el enlace que recomendaste y si a mí me rechazaran una novela me gustaría que lo hicieran los chinos en la misma forma que a Louis Zuknfsky:
    “Estimado señor,
    Hemos examinado su manuscrito con un deleite ilimitado. Y nos atrevemos a jurar por nuestros antepasados que jamás hemos leído otra pieza que iguale su maestría. De aceptar su obra, nos sería literalmente imposible publicar ninguna otra que no esté a su altura y, dado que podemos imaginar que exista en los próximos diez mil años otra que alcance tan altas metas, debemos, para nuestra desgracia, rechazar su divino trabajo y disculparnos mil veces por nuestro apocamiento”.

    Me alegro que el blog haya vuelto a vivir, de lo contrario no hubiera enterado de esta perlita. Gracias.

  8. César Mallorquí said

    Enviar una novela a un concurso no es sólo jugar a la lotería de si te toca el premio. También significa que en la editorial leerán tu trabajo; y si les gusta, ganes o no, querrán publicarlo. Envié la primera novela juvenil que escribí en mi vida a un premio y no gané. Pero la editorial se puso en contacto conmigo y contrató la obra.

    Por otro lado,no entiendo eso de que los escritores profesionales no deberían presentarse a los premios (algo que a mí me han dicho decenas de veces; y no sólo en blogs, sino por ejemplo en las páginas de “Leer”). ¿Se trata, de rebajar el nivel? Yo nunca quise ganar un premio porque los autores experimentados no pueden presentarse a él. Quiiero, y siempre quise, ganar compitiendo con los mejores. Eso hace que el premio tenga verdadero valor. Lo otro sería algo así como un premio de consolación, un premio de segunda.

    Por cierto, cuando gané mi primer premio (el Edebé), no me conocía ni dios en el mundo de la literatura juvenil. Puedo garantizar, como hace Gonzalo, que al menos los dos principales premios del LIJ que hay en este país, El Gran Angular y el Edebé, son absolutamente honestos y límpios.

  9. Daniel Hernández Chambers said

    Creo que siempre habrá cierta desconfianza con respecto a los premios literarios, por culpa de algunos que todos tenemos en mente. Como señalaba Gonzalo Moure los premios LIJ son más fiables en este sentido, no sé si todos, como él decía, pero sí estoy convencido de que una mayoría son honestos. Hay algunos en los que incluso se hace público el listado de finalistas (por ejemplo, el Edebé en sus últimas ediciones), y me parece algo interesante, aunque también recuerdo lo que me dijo una editora sobre ese aspecto en concreto, que hay ciertos autores que prefieren que no se sepa que han sido finalistas, algo así como “si no gano, que no se sepa que he participado”, lo cual no acaba de cuadrar con esa “humildad” de la que también se hablaba antes. Creo, en definitiva, que hay premios y premios, y también autores y autores. De los primeros los hay honestos y los hay amañados o al menos manipulados hasta cierto punto, y de los segundos los hay humildes por muchos años que lleven publicando y mucho éxito que hayan cosechado y los hay… menos humildes, no nos engañemos. Hay autores que llaman, directamente o por medio de sus agentes, aunque solo sea para dejar caer que han presentado una obra.

  10. Jesús said

    Hola Elsa, te agradecería me contestaras algunas dudas sobre el tema de los concursos literarios. He escrito mi primer libro y me he presentado a uno. Sinceramente, terminarlo ya fue un premio y como tal lo celebré, pues disfruté escribiendolo (no tanto revisandolo), y pensé que quizá los demás podrían disfrutar tanto como yo leyéndolo. Leer tu blog me ha hecho bajar de la nube y poner los pies en el suelo, pues durante un tiempo tuve la ilusión de ganarlo o al menos que me lo publicaran, pero aunque parezca una tontería, ahora lo único que me preocupa es que me contesten con una mínima impresión de mi obra, pese a que no sea favorable (ya se sabe: la duda es más cruel que la más cruel de las verdades). Al menos así sabré que alguién la ha leido y no se ha perdido, o no me han descalificado o… qué sé yo. Y a eso voy: En el Barco de Vapor o el Gran Angular por ejemplo ¿contestais a todos los participantes? ¿Hay alguna forma de recuperar las obras no premiadas o simplemente se destrozan sin más? ¿Es incompatible presentar una obra al B.V. o Gran Angular y presentarla posteriormente a otro concurso literario? Pregunto esto último porque creo que S.M. tiene un derecho preferente a cuaquier otra editorial para publicar cualquier obra que se presente a sus concursos? ¿Es algo común en todos los concursos literarios?. Sin mas, un saludo, y gracias de antemano.

    • elsaaguiar said

      ¡Hola, Jesús! no, yo creo que en ningún concurso se contesta a los participantes. Contestar a los doscientos o trescientos manuscritos que se pueden llegar a presentar sería una carga de trabajo inasumible para cualquier editorial. Leer un libro y saber por qué encaja o no encaja en una determinada línea editorial es relativamente sencillo. Pero escribir un resumen más o menos razonado de esas impresiones para tantos títulos, es imposible.

      Los manuscritos no se pueden devolver (Base 7) porque no se abren las plicas de los no ganadores. Así que, sí, desgraciadamente, van a destrucción certificada (para evitar el riesgo de plagio).

      En cuanto a la disponibilidad del manuscrito (base 8), si en 60 días la editorial no se ha puesto en contacto contigo puedes disponer de ella para presentarla a otro concurso, por supuesto.

      Un abrazo

      • jesus said

        Muchas gracias, Elsa. Me has resuelto las dudas que tenía. Seguiré escribiendo porque, vuelvo a repetir, pienso que para un un escritor aficionado, como es mi caso, el mejor premio es terminar su obra (que creo que ya tiene bastante merito), y estar satisfecho con ella, como también es mi caso. Lo demás es soñar, que también es bonito, sin renunciar a nada. Un saludo.

      • Jesús said

        Hola de nuevo Elsa, escribí hace justo un año un tanto inquieto porque me había presentado al Barco de Vapor 2013. Como es lógico, al ser escritor aficionado, me asaltaban las dudas y el nerviosismo por la ilusión de ver publicada mi novela. No tuve suerte con el Barco de Vapor. Lo presenté a una editorial de mi localidad y tampoco hubo suerte. No tiré la toalla y al final una editorial granadina me la ha publicado. Tan solo envío este mensaje para animar a todos los que disfrutan con escribir que crean en sí mismos, más alla de los premios. Reconozco que he tenido mucha suerte, pero… es que yo creía en mi obra, porque si yo no creo ¿quien va a creer? Y además, disfruté mucho escribiéndola. Tengo que agradecerle al Barco de Vapor la promoción que hace para que escritores aficionados como yo se presenten a ese concurso, porque sin ese ánimo sincero, pienso que no hubiese sido capaz de escribir mi obra. Estoy escribiendo otra obra y en cuanto la termine, tengo otra en mente para volverla a presentar al Barco de Vapor. Gracias.

  11. PSG said

    Elsa, las suspicacias se acabarían si los fallos fueran progresivos, al estilo del acta del premio Lazarillo, la cual dicho sea de paso me parece un poco deficiente pero quizá suficiente para la finalidad que persigue, sobre todo en relación con la transparencia. Por otra parte, lo normal en un concurso es perder, porque no es fútbol, poca cosa depende del escritor cuando ya quedan poco originales candidatos al galardón. De todas las maneras, las bases de muchos concursos de este tipo son nulas de pleno derecho en unos cuantos puntos, afortunadamente, no en los más importantes; pero sí en cuanto a la disponibilidad del autor del original, firme lo que firme por anticipado.

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