A vueltas con la transmisión de modelos en los textos literarios

26 febrero 2015

Como ya hemos comentado otras veces, es prácticamente inevitable que un texto narrativo promueva una actitud positiva o negativa hacia las conductas, costumbres o modelos de personas que se se despliegan en él.

Pero de la discusión sobre ese tema surge una cuestión muy práctica y sin embargo nada fácil de acordar: ¿Cómo se transmite esa actitud, y por tanto, cómo se llegan a transmitir valores con un texto?

Tal como yo lo veo, la respuesta a esta pregunta depende de la interacción entre múltiples elementos del texto, no de uno solo de ellos. Por ejemplo: un personaje puede exhibir una conducta reprobable, e incluso esa conducta reprobable puede tener consecuencias beneficiosas para el personaje; pero si la voz del narrador arroja un juicio moral negativo sobre ese proceso, y lo hace de forma efectivamente persuasiva, el resultado global es que no se puede decir que el libro defienda o transmita esa conducta, sino todo lo contrario.

Es por eso por lo que, cuando analizamos los valores transmitidos por un texto, debemos prestar atención a la interacción entre sus múltiples elementos y entender la actitud global que promueven en esa interacción, porque si nos limitamos a analizar la presencia de determinadas conductas o modelos en elementos aislados de la narración, estaremos haciendo un análisis muy superficial y a menudo erróneo.

Existen elementos capaces de modelar actitudes en dos grandes aspectos del texto: la estructura narrativa (lo que ocurre en el relato), y la forma literaria (los recursos expresivos que se emplean). La combinación de ambas va a tener un resultado final en la actitud del lector hacia las conductas y valores mostrados en él: una actitud positiva, aspiracional, de imitación, o bien una actitud negativa, de rechazo.

Cómo la estructura narrativa transmite valores

Lo que ocurre en el relato modela actitudes a través de:

  • Los rasgos de los personajes: ¿Cuáles son las características de personalidad de dónde vienenlos personajes? ¿De dónde vienen? ¿Cuál es su forma de ver el mundo, sus creencias, su estilo de pensamiento y de toma de decisiones? Esta es una fuente de modelos negativos o positivos.
  • Relaciones entre los personajes: ¿Quién ama a quién, quién ayuda a quién, quién depende de quién, quién desprecia a quién? Esto modula y condiciona el efecto de sus rasgos de personalidad.
  • Acciones de los personajes: Si bien el mundo interior de los personajes transmite y modela actitudes, sus conductas externas lo hacen de forma mucho más elocuente. Después de sus diálogos morales internos, ¿qué acaban haciendo? Es únicamente a través de sus acciones, que sus pensamientos van a tener un efecto sobre el mundo.
  • Consecuencias de esas acciones: ¿Qué resultados tienen las acciones de los personajes? En el mundo de la narrativa, que tiende a ser teleológico, la relación entre acción y consecuencia casi nunca es aleatoria o desprovista de sentido: suele haber una “justicia poética” que condiciona y modula, a su vez, el juicio moral que merecen las acciones. También hay que tener en cuenta, sin embargo, que cuando el escritor fuerza la verosimilitud de esta “justicia poética” hasta caer en un “deus ex machina” poco creíble, el efecto puede ser contraproducente.
  • Evolución de los personajes a partir de esas consecuencias. El proceso de identificación entre lector y personaje se produce de manera más poderosa hacia los cambios que experimentan los personajes, que hacia sus estados o rasgos permanentes. Nuestro radar moral capta mejor los objetos en movimiento. El rumbo moral, positivo o negativo, en que un personaje realiza un aprendizaje y experimenta un cambio, aunque sea pequeño, es a menudo más relevante a la hora de modelar actitudes que la calidad moral permanente de ese personaje.
  • Mundo en el que tiene lugar todo lo anterior: ¿Con qué reglas se rige el universo construido por el narrador? ¿Cuál es su historia, cómo devino en ser como es? ¿Qué tipo de gente manda en él, y quiénes son los oprimidos? Los mundos creados por los autores tienen su propio “zeitgeist” (alma de los tiempos), que también modela actitudes, de forma más sutil y constante que las consecuencias de los actos de los personajes.
  • La voz del narrador. No existe el narrador neutral. Incluso la más aséptica y pretendidamente objetiva de las voces narrativas, tácitamente arroja un juicio moral sobre los acontecimientos. Aunque solo sea por la forma en que escoge qué elementos de la narración describirá y cuáles omitirá, igual que el encuadre de un fotógrafo. Por supuesto, el narrador también puede pasar a hacer explícito su juicio moral, aunque lo implícito es más poderoso porque tiende menos a despertar una actitud crítica en el lector.

¿Y qué hay de la forma literaria?

Visto lo que ocurre en la narración, ¿qué pasa con la forma? Al margen de la tan inobjetivable “calidad literaria”, ¿qué elementos formales pueden transmitir valores?

  • La elección de vocabulario (culto, elitista, limitado…)
  • El registro lingüístico (coloquial, distanciado, irónico, sarcástico…)
  • El tipo de humor (negro, subversivo, absurdo, inocente…), y hacia qué objetivos dirige su poder desmitificador y crítico.
  • El uso de la elipsis (qué es lo que más o menos notoriamente se decide omitir)

El resultado: la actitud del lector

La actitud final del lector, ya sea aspiracional o de rechazo, hacia todo lo que se muestra en el texto, está determinada por el resultado final de la interacción entre todos los elementos anteriores, y no por ninguno de ellos de forma aislada. Este resultado nunca es completamente determinista, por lo que a menudo es difícil predecir de forma única y cierta esta reacción. Pero el análisis riguroso a partir de los elementos sugeridos, y un debate estructurado y argumentado entre los editores en aquellos casos que despierten controversia, puede ser una buena herramienta de toma de decisiones.

Todo esto puede sonar a verdad de perogrullo, pero a veces me han llegado unas cartas de protesta por parte de padres o profesores ante determinados libros, con unos argumentos tan de pata de banco para considerar que el libro promueve conductas indeseables, que os aseguro que hacían necesario un texto como este. Los demás, tened paciencia y no os deis por aludidos🙂

Una respuesta to “A vueltas con la transmisión de modelos en los textos literarios”

  1. Muy interesante tu entrada: primero diseccionas el todo en partes y por fin concluyes que el todo es la suma de las partes, y más.

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